Y si después de tantas palabras…

José Buriticá y Raúl Rojas

Para hablar claro. Y para que las palabras sobrevivan, como lo pedía, en suplica humanista, el adorado gran cholo, poeta y comunista, Cesar Vallejo.

Existen dos ancianos políticos tolimenses, que han hecho de la política un ejercicio ético, una búsqueda permanente del bien general, su estilo de vida y a su vez, paradójicamente, su condena a la pobreza y al ostracismo social por la acción de sus consabidos contrarios, pero también, quien lo creyera, por sus mismos copartidarios. Incluso por quienes fungen hoy de ser gobernantes.

José Jesús Buriticá Arango y Raúl Rojas González. El primero, sobreviviente de todo tipo de torturas por oficiales del Estado y veterano líder de las causas campesinas en el Tolima, Valle y Quindío, desde los tiempos ya idos del extinto M-19. El segundo, raizal comunista, diputado de la UP y víctima histórica del terrorismo de estado, durante los gobiernos de la siempre renaciente dupla liberal conservadora tolimense en los últimos 50 años.

Siempre armados de palabra y de valor civil, en el combate de las ideas de la centenaria guerra sucia en este Tolima, como tendrán que valorarlo – dentro de muy poco – los recién erigidos líderes de los nuevos partidos políticos de las guerrillas en paz: M-19 y Farc-EP.

Los diferentes organismos de inteligencia, comandos y brigadas de Ejército y Policía – en su archivo legal y su oxímoron ilegal – nunca les perdonaran su valor civil y su obstinada causa campesina. Por ahí deben andar los registros y los partes de batalla, como les llaman.

Los guerrilleros y guerrilleras de los desarmados M-19 y Farc-EP, les reconocerán – algún día – su valor civil y su entereza moral por más de cuatro décadas, en defensa del campesinado tolimense.

La burocracia de la izquierda, la del american way life, la de los puestos, de los contratos, de las prebendas a hijos y parentesco, otorgada lisonjeramente por la mano invisible del Armagedón que ha sido, para el Tolima, la dupla gobernante: de pronto, hasta les inviten a un tinto, para después ver, como se los sacan en cara, o quizá, si lo amerita, solo borren la selfie.

Sobre todo hoy en Ibagué, donde es eucarísticamente rentable y políticamente correcto sentarse a manteles y en público: con los torturados sobrevivientes de ayer, con las viudas e hijos de los desaparecidos, con los eternos estigmatizados en el antiguo DAS de la 10, y hasta con los invisibilizados gais y lesbianas de la izquierda atea.

Y como lo canta otro gran viejo, político a su manera, Alejo Duran, tengamos los demás que reconocer en vida a José y a Raúl su entrega de vida, con la estrofilla del Indio sinuano de Máximo Jimenez: “Oiga blancos les advierto si señor / si señor / que mi raza volverá tal como el sol / a pintarse los cachetes de color / pa infundirles a ustedes miedo y temblor / ¿por qué? / porque esta tierra es mi tierra / porque este cielo es mi cielo”.

¡Gracias viejos líderes!, a nombre de todos en el Tolima.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández,
Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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