Si los boyacenses pudieron: los tolimenses también

Villa de Leyva. Imagen: Gobernación de Boyacá.

Boyacá, donde nuestra libertad vio la luz/ y un puente nos conecta con la gloria/ donde el aroma de nuestros libertadores: mulatos, zambos, negros, indios y mestizos/ se convierte en el abrigo de la sombra protectora de Bolívar y Santander.

Si viajas en un tour a Boyacá, partiendo desde Ibagué, lo más probable es que durante todo el camino de ida y venida te acompañe la música típica tolimense, o sea: el vallenato. Es curioso, pero incluso, en el maravilloso pueblito boyacense, el grupo musical de base que nos recibió –excelente por lo demás- no interpretaba sino el género musical del Valle de Upar. No digo que sea ni bueno ni malo pero no deja ser curioso, digamos peculiar.

La cuestión es que los boyacenses, desde ya hace varias décadas se “pusieron de acuerdo” para convertir a su departamento en un epicentro del turismo obligado para ser visitado por propios y extraños. Se percataron, seguramente que habían sido bendecidos por la naturaleza con una enorme cantidad de barro, de greda y entonces tomaron la decisión de convertir esa riqueza en artesanías y exportarlas a toda Colombia y al mundo entero.

Gondava, el valle de los dinosaurios, le recuerda a uno –guardando las proporciones- a los famosos parques de la Florida (USA). Su gastronomía también suele ser un valor agregado que se brinda al visitante, junto a una buena atención. Y, aunque lo agreste de algunos de los territorios de Boyacá toman visos de desierto, la inversión hecha en la promoción turística y en eventos ya tradicionales a nivel nacional como el Aguinaldo boyacense, hacen que los turistas digamos: “vale la pena irse a vacacionar a Boyacá”.

El sector del puente de Boyacá es mágico, la estatua de Bolívar –al momento de la visita, el primer fin de semana de Junio del 2019- está siendo restaurado, motivo Bicentenario. Villa de Leyva y Ráquira, sí que son sitios de ensueño. Esto sin hablar de la laguna de Tota, la casa de Terracota y muchos paraísos que solo se conocerán en varios viajes a la tierra de “su merced”.

A un sitio tan atractivo como la tierra boyacense, en verdad, no queda más que poetizarle: Retina extasiada por la riqueza y ambivalencia del paisaje/ eucaliptos aferrados a sus nidos/un desierto que quiere florecer/el mar en lagos y lagunas/ azul color nube y nubes color cielo que se derriten en el terracota/ un olor a libertad surca los corazones de propios y extraños: voy acá, Boyacá.

Por: Luis Carlos Avendaño López, docente, autor.

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