Sobre la violencia de género

Rafael Aguja.

Rafael Aguja.

El viernes pasado, 25 de noviembre, se celebró en Colombia, nuestra patria, el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer que, poco o ninguna importancia, tuvo entre nosotros, no obstante que la mujer es, ni más ni menos, que la mitad de la población del país y de la población viviente sobre la tierra y del gran aporte de la misma al bienestar de la familia, al desarrollo de la sociedad, su función respecto de la maternidad y en la educación de los hijos.

La independencia de la mujer, como tal, desde el 20 de julio de 1810, en Colombia, es una historia que, con solo recordarla nos debería llenar de vergüenza, pues España, luego de tres siglos de dominación, nos entregó a la mujer en estado de sumisión, por no decir, que en estado de plena esclavitud, sometida en estricto derecho al padre primero y luego al esposo.

En la Constitución de 1863 se le empezaron a reconocer derechos, contrariando el querer de uno de los partidos tradicionales y en algunos lugares del país, al amparo de este estatuto superior, pudieron hacer uso del derecho al voto.

La dote, especie de pago por casarse, en algunos lugares del país, vía costumbre ancestral, sigue vigente y se le mantuvo privada del derecho a manejar sus propios bienes y si a partir del plebiscito del 1º de diciembre de 1957 se le reconocieron sus derechos políticos, el régimen matrimonial, por ejemplo, no cambió. Las mujeres casadas, mayores de edad, tenían que cambiar su cédula de ciudadanía para agregarle el signo de esclavitud de propiedad del marido, esto es, el degradante “de”, que muchas de nuestras abuelas aun lo llevan.

Para las mujeres casadas el sometimiento al esposo era total, llegando al extremo de que, en excepcionales circunstancias de infidelidad, supuesta o real, se había instituido en el Código Penal el uxoricidio legal, a favor del marido como derecho, quedando excluido de toda pena, mediante el perdón judicial.

La violencia contra la mujer es una maldita costumbre que contaría en forma total y absoluta el orden constitucional y legal vigente y el derecho internacional de los derechos humanos y que no se argumente que estos no existen, porque en realidad de verdad no hay un solo estatuto internacional sino varios y podemos citar con absoluta precisión los siguientes: Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, Protocolo facultativo de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, Convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, “Convención de Belém do Pará”, Convención sobre los derechos políticos de la mujer, Declaración sobre la protección de la mujer y el niño en estados de emergencia o de conflicto armado, Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer y la Declaración de la Unesco sobre la contribución de las mujeres a una cultura de paz

Entre nosotros, para no ir muy lejos, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer fue adoptada como legislación de obligatorio cumplimiento en las Leyes 51 de 1981 y 1257 de 2008, respecto de las cuales se pronunció la honorable Corte Constitucional en la Sentencia C-335 de 2013.

Nada justifica, hoy en día, la violencia contra la mujer, bien que sea esposa, hija, hermana, abuela, casada, viuda o compañera, pues goza de la plenitud de los derechos consagrados, en su condición de ser humano, en la Constitución y en la ley, independientemente de su estado civil y en plena igualdad con el hombre, dado su desempeño fundamental en las esferas de la vida política, social, económica, cultural y familiar.

En todo caso, cualquier acto de violencia contra la mujer, por simple que sea, es repudiable y encontramos que debe ser sancionado, como en efecto aparece en el Código Penal, pero que se hace necesario fortalecer aún más los mecanismos de protección administrativos y policivos, a la par que deben implementarse los refuerzos educativos necesarios e indispensables para la convivencia familiar.

Recomendamos a quienes tengan interés de profundizar sus conocimientos jurídicos sobre los derechos de la mujer y el rechazo a todas las formas de discriminación respecto de la misma, a nivel internacional, el texto de la Unesco titulado Derechos de la Mujer.

Por: Rafael Aguja Sanabria, abogado penalista, docente universitario.

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