Suena Jorge E. Casabianca para la Superintendencia de Salud

Jorge Eduardo Casabianca (izquierda).

El dirigente liberal se proyectaría en el ámbito nacional.

De un ‘cacho’ está el nombramiento de Jorge Eduardo Casabianca como nuevo superintendente de Salud. El excongresista quedaría con un cargo que cuenta con autonomía presupuestal y administrativa y brindaría amplio poder de maniobra al curtido dirigente político y médico de ocasión.

Según las fuentes, el tema lo viene empujando fuerte el senador liberal Guillermo Santos. Solo falta el beneplácito del ministro de Salud, Alejandro Gaviria.

En la actualidad, Jorge Eduardo Casabianca Prada es integrante del Consejo Directivo de Cortolima, nombrado como un delegado del presidente Juan Manuel Santos en el cargo.

Tras casi 40 años dedicado a la política, parece que Casabianca al fin comprendió que no puede ser elegible pero sí nombrable. La última elección que ganó fue en el lejano año de 2002 para un escaño en la Cámara de Representantes.

Habría de regresar al Congreso de 2008 – 2010, no por mérito propio sino tras producirse la renuncia y una supuesta enfermedad del dirigente antioqueño Pompilio Avendaño, a quien la Corte Suprema investigaba por parapolítica y que finalmente terminó absolviendo.

En 2014, volvió a presentar su nombre para la Cámara (sin dar espacio a los jóvenes o a nuevos nombres), viendo resignada su aspiración con 9.368 votos.

Jorge Casabianca, como liberal de vieja y rancia militancia, ha cogobernado con los últimos alcaldes de Ibagué y ha mantenido cuotas de burocracias y puestos públicos, usufructuados como todos los políticos. Desde Rubén Darío Rodríguez, pasando por Jorge Tulio, Chucho Botero y Luis H. Rodríguez, se le ha echado la mano al médico para que no desaparezca, derive unos cómodos ingresos y continúe vigente en el espectro político de Ibagué.

Antiguos lugartenientes suyos crecieron a su lado, y luego aprendieron el oficio y le montaron tolda aparte como aventajados alumnos: Arlén Márquez o Marlene Rozo, son dos ejemplos palpables y patéticos del arribismo de la política local, y quienes junto a Jorge Casabianca probaron las mieles del poder y de la burocracia en contratos millonarios y puestos de escasa producción intelectual y menos laboral.

Casabianca cañó hace unos años con el movimiento de ‘renovación’ Fe Tolimense, donde estuvieron líderes decentes de la ciudad como Hernando Hernández Quintero e Iván Ramírez Suárez, quienes más temprano que tarde se apartaron del facultativo devenido en político, y todo lo que él representa: el manzanillismo, la anquilosada política tolimense, los caciques y barones electorales de antaño que se resisten a soltar el poder y darle paso a las nuevas generaciones.

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