“Un inmenso, hermoso regalo de Navidad”

A propósito de la reducción de impuestos aprobada en Estados Unidos.

Fue el pletórico mensaje del empresario presidente Donald Trump, este sábado dos de diciembre, a sus senadores quienes, después de haberlo hecho los representantes, ya le habían aprobado la más grande reducción de impuestos (intocables desde 1986) a los más ricos y a las más poderosas corporaciones de Estados Unidos.

Los pocos congresistas o senadores de las minorías que se opusieron, no lo lograron, pues nadie en su sano juicio, habría podido leerse el proyecto tributario de 500 páginas (incluso con anotaciones a mano), de la noche del jueves al amanecer del viernes anterior.

Proyecto que se inclina más a las corporaciones que a las familias, reclamó Chuck Schumer, líder minoritario del Senado: “Cada vez que la elección es entre corporaciones y familias, los republicanos eligen a las corporaciones”.

¿Las corporaciones por encima de las familias? Nos suena.

Que entendemos por corporaciones en Colombia: la poderosa Asobancaria, las imbatibles SAC / Fedegan, las aberrantes EPS, las omnipresente Fenalco y Fendipetroleos, las indestronables Fedefutbol / Dimayor, las plutocráticas cuatro empresas de telefonía y trasmisión de internet, las monopólicas RCN y Caracol radio y TV, y así, la lista se extendería cuan extensa sea la parrilla de anunciantes de TV, radio e internet, bajo el espectro electromagnético, que aun suponemos sea propiedad del Estado.

Y que entendemos por corporaciones en lo regional / local: las iglesias (incluida la católica) y sus gerentes-concejales o diputados, los gremios cafetero y arrocero, el imbatible ganadero, las Cámaras de Comercio o aquello que Samper gestó como una sociedad de privados con mandato legal y jurisdicción propia, el empresariado del Deportes Tolima o el empresariado del Tamal o el de los cupos en el Sisbén o en el Icbf.

¿Y de regalos de navidad inmensos, bellos? 12, como los meses del año que termina: 12 reformas tributarias desde 1990, casi todas firmadas entre el 30 o el 31 de diciembre. Al menos los gringos nos ganan: ninguna desde 1986, solo esta del empresario Presidente, la cual se convierte en su primera y aplastante victoria en el Congreso USA.

¿Y de legisladores de minorías? Solo de mayorías. La muestra, un botón: el Concejo de Ibagué, está formado por empresarios o corporaciones o por empleados o ex de estos o estas. En cualquiera de sus caretas. Ni que decir de la Asamblea del Tolima, con gobernador empresario, derechista y guerrerista.

Hace rato, la política o eso a lo que se dedican los empleados (o ex) corporativos en Ibagué y el Tolima, dejó de ser para las minorías. Para las familias.

Hace rato, 27 años, cualquiera de las “reformitas” impositivas (hijas putativas de las 12 mayores en estos mismos 27 años) de la ciudad o del Departamento, dejaron de lado a las familias y se inclinaron por las corporaciones. Las nuestras. Las criollas. Las que emplean o emplearon, a los émulos de los senadores y congresistas gringos.

La diferencia: que en USA el pretexto fue que reducir impuestos a los ricos genera ingresos y empleo a la nación (nos suena), lo cual no pudo demostrarlo ningún senador en el proyecto de 500 páginas; mientras que en nuestra Ibagué y el Tolima, fue y es para la “competitividad” de las apuestas – el solo nombre lo dice – productivas, o para salvar al planeta (el embuchado de la Agrópolis), o al nevado, o al río Combeima, o al oso de anteojos. O si alcanza, a las vilipendiadas chuchas.

Es hora que en las barriadas más pobres, así como en las veredas y corregimientos más miserables, dejen de elegir (votar) a los mandaderos o empleados (o ex) de las corporaciones locales o regionales, y si es del caso autopropongan un candidato o candidata o candidatx, cuya única anotación en su hoja de vida sea: el no joder a los demás, a las familias, a costa de ser “competitivo” o de salvar al planeta (pero en la fracción de su portentosa hacienda en las afueras de Ibagué).

Tal vez, pero solo tal vez, eligiendo a los nadies (como decía Galeano) podamos por fin los ibaguereños y tolimenses enseñarle algo a los atribulados gringos y a su agencia Usaid: “al baile de las gallinas, no van las cucarachas”.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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