Venezuela: se profundiza la crisis

Rafael Aguja.

Rafael Aguja.

En desarrollo de la crisis que vive la hermana república, se ha hecho evidente, sin duda alguna, que el presidente Nicolás Maduro, elegido en reemplazo de Hugo Chávez, paulatinamente se ha convertido en un autócrata (o, ¿mejor “yocrata”?), sátrapa o simplemente tirano, en cuanto ha asumido como tarea “gobernar” sin sometimiento alguno al orden constitucional y legal vigentes, pues no otra cosa se puede predicar de él si ha despojado a la rama legislativa, mediante un decreto de su autoría y firma, de toda competencia y atribución constitucional, llegando al extremo de dejar a los diputados sin salario y ha reorganizado la rama judicial, siguiendo idéntico procedimiento, hasta convertir a los jueces y magistrados en funcionarios “de bolsillo”.

El presidente Maduro gobierna hoy a Venezuela sin límite constitucional, legal y democrático, obedeciendo solo a su exclusiva voluntad, querer y propósitos.

¿Acaso esto no es tiranía?

Pues es tirano, simple y llanamente, el que abusa del poder político y gobierna de manera totalitaria, sin limitaciones legales, para su propio beneficio y los de su entorno, haciendo más gravosa la situación del pueblo que soporta abnegadamente semejante estado de cosas, y es tiranía toda forma de gobierno en que el gobernante tiene poder total y absoluto.

Hasta donde sabemos, jamás en América se había visto una situación igual, no obstante que en América Latina hemos tenido toda clase de dictadores, aun cuando en la historia de la humanidad, incluyendo a la antigua Grecia, siempre ha habido tiranos, situación que nos deja, aun hoy, una tétrica lección y es que mientras el tirano goza, el pueblo sufre.

La situación a la que ha llegado Venezuela, hace que cada día sea más difícil una solución para su crisis y hacemos votos porque la oposición no caiga en la trampa de que por desesperación se haga uso de la fuerza, aun cuando, por decretos, el presidente Maduro haya convertido a Venezuela en una cárcel grande prohibiendo la salida de líderes de la oposición y de personas no afectas a su régimen.

Los riesgos para Colombia son grandes, pues no en vano tenemos 2.100 kilómetros de frontera común que, de una manera u otra nos hace vulnerables y prueba de ello es el incidente de hace dos días cuando un avión comercial de matrícula colombiana fue obstaculizado por dos aviones de guerra que, por fortuna, no hicieron uso de sus armas, pero que si produjeron inquietud en todas partes.

Jamás le ha faltado razón al libertador Simón Bolívar, cuando carcomido por el desengaño, manifestó que Venezuela es un cuartel, Bogotá una academia y Quito un convento.
Sea de esto lo que fuere, lo cierto del caso es que la suerte de Venezuela no se remedia con posturas de fuerza, sino haciendo uso de la democracia, en cuanto gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Gloria al bravo pueblo, que Dios lo ampare y que encuentre salida pacífica y democrática a la crisis que este momento lo envuelve.

Por: Rafael Aguja Sanabria, abogado penalista, docente universitario.

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