A votar ahora por el proceso de paz

Rafael Aguja

Rafael Aguja

Si para la primera vuelta presidencial, que se cumplió el pasado domingo 25 de mayo del año en curso, llamamos a votar para defender la democracia y con ella la paz, la justicia, la convivencia y la coparticipación ciudadana en los destinos del país, ahora llamamos al electorado habilitado para sufragar, a votar nuevamente, pero en esta oportunidad para defender y fortalecer el proceso de paz, cuyas conversaciones se desarrollan en La Habana entre la insurgencia armada, política y militar y el gobierno nacional, para que, por fin, se desactive, ojalá de manera definitiva y para siempre, el conflicto armado interno que, desde hace más de cincuenta años nos aqueja y nos aflige como país y como sociedad.

No hay alternativa, porque defendemos con nuestro voto cuatro años más para el presidente Juan Manuel Santos o permitiremos, por acción o por omisión, que los “halcones de la guerra” sigan sembrando la geografía nacional de zozobra, miedo, terror y violencia y como secuelas el despoje de tierras y propiedades, desigualdad, cárceles y factores de gobierno en contra del pueblo, que sería el gran perjudicado y con ello cada uno de nosotros, pues aun sin el poder, en estos momentos, la extrema derecha, al igual que en la Edad Media, amenaza con el infierno y con futuros e inevitables “juicios políticos criminales” desde el nuevo Congreso nacional que se instalará el próximo 20 de julio.

La consigna ahora para todos nosotros es votar por el proceso de paz en la persona del presidente de la república, pues no es momento para dudas, sino para demostrar, una vez más, que el pueblo soberano y el único dueño legitimado de los destinos manifiestos e históricos de Colombia, pues como lo recordaba suficientemente la columnista de El Tiempo (28-05-14), recodando palabras del filósofo Rafael del Águila Tejerina (1953–2.009), quien fuera catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, autor de varias obras sobre el tema, las decisiones de los ciudadano deben ser impecables y lo son cuando resultan “acertadas, justas y moralmente irreprochables” así eventualmente resulten dolorosas y, en algunos casos, costosas.

Por: Rafael Aguja Sanabria, abogado penalista, docente universitario.