Voto, pensando en mi hija y en la juventud

Miguel Salavarrieta

Miguel Salavarrieta

En pocos días cumpliré 58 años. Me volví viejo, pero no me voy a rasgar las vestiduras diciendo, como muchos, que envejecí esperando la paz. Para que construir más mentiras. No, a mí me pasaron los años esperando un mejor país, una Colombia más igualitaria, sin esos abismos de desigualdad, una nación con igualdad de condiciones y oportunidades para todos, un estado con una verdadera justicia social.

Obviamente nuestro país requiere esa paz, esa tranquilidad, que debe generar el cese de los conflictos internos, pero el pueblo requiere prioritariamente la solución efectiva al clamor de sus necesidades en educación, salud, empleo, para citar solo algunos de los componentes de esa justicia social.

Lamentablemente, en esta campaña nos han desdibujado tanto el tema de la paz, que de manera perversa, mal intencionada, de odios, con la manipulación de los medios de información. Nos venden la idea que tenemos que escoger entre la guerra y la paz. Qué mentira más grande. Olvidamos que Colombia lleva más de 200 años en guerra y que el conflicto actual no lo siente todo mundo por igual y, que esta “guerra sucia publicitaria” ha llevado a la gente a confundir paz social con tranquilidad. Aquí me asalta una duda y me surgen unas preguntas al escuchar a los voceros de la guerrilla sobre los alcances del proceso de paz que hablan de justicia social para todos y de otros llamativos temas: ¿Será que realmente la guerrilla tiene la vocería del pueblo? ¿Será que los defensores de ese proceso, como estrategia política, les han otorgado esa personería? y finalmente ¿Será que la guerrilla es víctima del conflicto?

En mi pasado reciente, con el entonces gobernador del Tolima Oscar Barreto (a quien con todo respeto por los conservadores yo lo considero un hombre de avanzada) hablando sobre los mega-colegios, su ubicación en sectores rurales y urbanos con la dotación esencial y moderna, indicaba varias cosas:

1) Es imperativo brindarle a la niñez y a la juventud todas las posibilidades de educación;

2) Hay que garantizarles fuentes de empleo y trabajo estables para que desarrollen sus proyectos de vida, para que no estén después de los 50 años jugando a la lotería y al chance para poder tener un mejor futuro y una vejez estable.

Este domingo pensando en el presente y el futuro de mi hija votaré por Oscar Iván Zuluaga. Por hoy los dejo porque tengo que jugar el Baloto.

Por: Miguel Salavarrieta Marín, periodista, exdirector de Cultura del Tolima.