Así es Ibagué

Carrera Tercera de Ibagué

Carrera Tercera de Ibagué

Si usted se encuentra entre los lunares que a continuación se describen, está en mora de corregir el rumbo. 

En Ibagué nadie frena con un semáforo en amarillo. Aceleran y echan la madre si se les hace el reclamo. Tratan de sobornar al policía o con llamadas buscan evitar el comparendo. Al final, dicen con suficiencia “usted no sabe con quién se metió”.

En Ibagué se estacionan en sitio prohibido y si llega la grúa, el mal ciudadano es el guarda de tránsito o el operario encargado de remolcar el vehículo.

En Ibagué hay machetera, navajazos y golpes, si se presenta un accidente de latas.

En Ibagué pocos recogen la basura y excremento de sus mascotas. Se tilda de metido y chismoso al que promueve el civismo.

En Ibagué cristianos, católicos, ateos y demás, envenenan a perros y gatos ajenos, en protección del bien común.

En Ibagué, dizque no discriminan y todos caben en el rebaño del Señor, pero monseñor Flavio Calle hizo bajar a un gay del avión en Perales, porque “no quiere viajar con un fenómeno”. Las monjas de La Presentación no discriminan, me consta. Con avemarías le ayudan a salvar su alma a una ‘prestante’ dama que mandó a asesinar a la amante de su esposo.

En Ibagué si uno denuncia a un corrupto, en las emisoras lo defienden (al bandido, por supuesto, no al colega), profieren amenazas y amago de denuncias, y se quejan porque uno “no deja trabajar”.

En Ibagué algunos medios de comunicación negrean a los periodistas con salarios de hambre e incluso poniéndolos a vender cuñas. Ni siquiera con las demandas laborales logran hacerse pagar, pues sus patronos se insolventan y esconden bienes.

En Ibagué existe una puerta giratoria que rezuma estiércol, hiede y se rebosa como una cloaca: contratistas y funcionarios que escampan en lo público, y renuncian un año antes para no inhabilitarse. Si no coronan Cámara, Concejo, Asamblea, o Alcaldía regresan a pelechar del erario. Léase: José Soto, Henry Pava, Carlos Reyes, Ramiro Arciniegas, Adriana Avilés, José William Castro, Francisco Montoya, Fredy Chala, Jairo Acosta, Carmen Sofía Bonilla, y demás pelagatos.

En Ibagué no hay renovación ni oportunidad para profesionales jóvenes: Diana Gaitán lleva 14 años en la USI; Arlen Márquez otro tanto en la Alcaldía; Ángel María Gómez se amañó en las secretarías de Hacienda; Ancízar Carrillo, en la Edat; José Soto, el eterno designado para cargos; se anuncia otro periodo en Gobierno para el Doctor Múcura; y la lista se haría interminable.

En Ibagué hay negociados culturales que facturan millones sin retribuir nada, ni entregar cuentas: concursos literarios, festivales musicales, de poesía, fiestas del folclor, libros sobrevendidos, homenajes, monumentos. Claro que la Cultura se volvió un negocio redondo, si no pregúntenle a Óscar Berbeo, que ahora alquila hasta los palcos de la carrera Quinta para las fiestas y es el ‘editor’ que decide contenidos y acabados de libros e impresos.

En Ibagué se plagian ideas, libros, imágenes, películas, guiones de cine, pósteres de eventos, y los plagiaros andan campantes como si nada. Antes hay que decirles “maestro”, y hacerles la venia y el besamanos cuando uno se los encuentra por la calle.

En Ibagué nadie da el crédito por la creación intelectual respectiva, y se apropian de ideas, libros, textos, imágenes, sin ningún pudor. Cuando se va a denunciar, con pruebas en la mano, los fiscales dicen que uno “no podía provocar el delito”.

En Ibagué existen concejales que se graduaron con título exprés en las universidades. Nadie los vio estudiar con esmero como otros. Y aunque perdían materias, los promovían con sospecha. ¿Ernesto será sinónimo de deshonesto?

En Ibagué algunos concejales son elegidos porque tienen los votos ‘amarrados’ en ciertos nichos, y quienes les votan lo hacen temiendo perder el puesto, el contrato, y hasta el favor de Dios. Casos patentes y patéticos: Emiro Murillo en Drogas Copifam; los productores locales de la panela y Luz Nelly Arbeláez; o los del Mira.

En Ibagué no hay agua en algunos barrios, se presentan racionamientos en otros, pero se giraron tres mil millones para el acueducto alterno, que no ha culminado las obras pendientes. A ver si cae la gota.

En Ibagué las contralorías no sirven más que para engrosar las hojas de vida y el bolsillo de los que cada cuatro años las ocupan.

En Ibagué las plazas de mercado colapsaron, pero el concejal que las ‘representa’, Jairo Villanueva, se preocupa más por votar positivo las fotomultas.

En Ibagué las emisoras solo pasan a la oposición cuando se les vence el contrato, o no les quieren dar más de lo que piden, o no les nombran al recomendado. El resto del tiempo, echan loas al alcalde de turno.

En Ibagué pululan los panfletarios que insultan a través de las redes sociales y perfiles falsos y no tienen el pundonor de dar la cara.

En Ibagué la Policía y otras autoridades no soportan las críticas y observaciones respetuosas de los pocos, poquísimos, escasos, periodistas que se atreven a hacerlas. Para ellos, uno debería estar transmitiendo en la Voz de la Resistencia, la emisora fariana.

En Ibagué algunas empresas evaden impuestos y se realizan pírricas donaciones buscando alivios tributarios, pero para el grueso del común, se vende el mentiroso eufemismo de: “lo caritativo y filantrópico que es Don Fulano”.

En Ibagué nadie habla de la Gran Estafa de la construcción: edificios nuevos donde los incautos se pasan endeudándose de por vida. A las pocas semanas queda en evidencia la mezquindad de ingenieros y arquitectos con acabados de segunda y materiales de quinta que se deterioran con rapidez.

En Ibagué se impusieron los delfines y los guiños de las camarillas, y la gente los acepta como borregos: cualquiera de los Martínez Rosales, la Casa Barreto, Pierre García, los Jaramillo, et al.

En Ibagué no se recogen a tiempo las basuras, pero toca pagar el recibo con alzas injustificadas para que Jorge Tulio pueda jugar golf en el Campestre.

En Ibagué si uno contrata a un abogado existe una altísima probabilidad de que abandone el proceso, o termine aliado con la contraparte si uno se descuida. De todas maneras toca abonarles para la farra de los jueves, la jugada de dados de los viernes, y la juerga del sábado. ¿Será por eso que el ‘Tití’ salta de rama en rama al vaivén de las conveniencias?

En Ibagué no es antiético que profesionales cuestionados y sancionados dicten clase como si nada en las universidades, o apoyen campañas políticas desde la academia: léase María Norby Portela (Cooperativa); Martha Peña (Uniminuto), para lo primero; y Jaime Eduardo Reyes (Unibagué) en lo último.

Si después de leer esto, te decepcionas, es entendible y hasta en cierto modo justificable. No salgas corriendo para la Terminal, ni reniegues del terruño, ni jures no volver a la ciudad que te vio nacer, o que te acogió siendo tú oriundo de otras latitudes. Quédate, trabaja por ella, ámala, critica pero haz algo por cambiar, escoge la vida, vive en paz, ayuda al prójimo, no causes daño a sabiendas.

Así saldremos adelante algún día, las cosas mejorarán. O quizá eso no pase y sigamos igual o peor que como estamos. De ti, de mí, de todos depende hacerlo, pero nadie podrá decir que al menos no lo intentamos.