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Cuando el miedo y la brutalidad gobiernan

La iglesia estaba a reventar. El pueblo y las autoridades departamentales se unieron para despedir al líder Belisario Tao Useche, miserablemente asesinado. En el recinto se mezclaba un ambiente de solidaridad, rabia, dolor, impotencia y mucho temor hasta el punto que concluidos los oficios religiosos, el féretro del líder asesinado no había terminado su traslado hacia el atrio del templo, cuando el carro oficial de la gobernación con el mandatario regional, su secretario de gobierno y el cura que presidió las exequias, volaba por esa solitaria y difícil carretera que de San Antonio conduce a Chaparral teniendo como destino final la capital del Tolima, donde sus vidas no tendrían tanto riesgo como en esos territorios manchados por la sangre de inocentes.

Eran tiempos muy difíciles, de guerra entre hermanos, dónde el Estado ya había demostrado su incapacidad de contener esa creciente ola de barbarie, entonces bajo ninguna circunstancia se podían correr riesgos de exponer la vida.

Obviamente la prisa para salir de allí estaba plenamente justificada, los tres eran víctimas de amenazas por parte de actores al margen de la ley, no como las que se inventan en esta época en busca de protagonismo. Sí, eran amenazas de verdad, como las que le hicieron y cumplieron a Belisario Tao Useche, el alcalde sacrificado que acababan de acompañar en sus honras fúnebres, ese líder social que cayó herido a bala en las calles de San Antonio (Tolima) y falleció un día después hace 22 años, el 29 de mayo de 2003.

Fue una trágica época en donde la comunidad, sin ningún tipo de distinción, vivió sometida a la voluntad de la guerrilla y los paramilitares.

Fue también un largo período donde la institucionalidad, especialmente los gobiernos municipales fueron gravemente impactados por la subversión con actos violentos como el asesinato del alcalde de Ambalema, Jesús Antonio Núñez el cuatro de diciembre de 2002, días más tarde, el alcalde de Planadas, David Losada Losada, se salvó de un atentado en la zona rural de esa localidad y en Semana Santa, en pleno Viacrucis, la alcaldesa de Dolores, Mercedes Ibarra, salió ilesa de un atentado de las Farc.

A esto se sumó la intromisión en algunos actos administrativos, pero el golpe más fuerte a la democracia en las localidades fue la declaración de objetivo militar de 26 alcaldes, que llevó a más de 12 de ellos a gobernar desde Ibagué para salvar sus vidas.

Fueron épocas aciagas que recordamos en estos momentos de angustia, cuando en varios lugares de la patria hay un clamor, un reclamo popular a la autoridad para que deje de lado la pasividad y confronte ese  avance de la violencia que solo genera muertes, desazón y pobreza.

La historia no se puede repetir  y entre todos debemos buscar con honestidad y sinceridad las soluciones y el equilibrio que demanda la lucha contra la inequidad y la corrupción; los dos pecados que no nos dejan avanzar.

Belisario Tao Useche, fue un hombre de paz, un líder persistente que buscó cuatro veces llegar a la alcaldía hasta que lo consiguió y a los pocos meses alguien truncó no solo sus deseos, sino también el sueño de un pueblo.

Por: Miguel Salavarrieta Marín

Periodista independiente.

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