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Murales y graffitis en Ibagué / Foto: Diego Vargas

Hambre cero: una misión obligatoria en Ibagué

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Situación Nutricional (ENSN) realizada por el Instituto Nacional de Salud, en Colombia se reporta que 560.000 niños menores de cinco años sufren de desnutrición crónica, es decir que no están recibiendo los nutrientes necesarios para su desarrollo físico y cognitivo.

Además, se encontraron 15.600 niños que padecen desnutrición aguda severa, un tipo de desnutrición que puede ser mortal y que genera nueve veces mayor riesgo de mortalidad. Dicha encuesta también reveló que el 25 % de los niños y niñas menores de cinco años en Colombia presentan anemia, una condición que se caracteriza por la falta de hierro en el organismo y que puede provocar cansancio, debilidad y otros problemas de salud. Asimismo, se encontró que el 27 % de los niños tienen bajos niveles de vitamina A, una vitamina esencial para la salud visual y el sistema inmune, y el 36 % tienen niveles por debajo de lo normal en Zinc, un mineral importante para el crecimiento y la reparación de tejidos.

Estos datos ponen de manifiesto la urgencia y la necesidad de mejorar tanto la alimentación como la nutrición de los niños y niñas en Colombia, así como la toma de medidas para prevenir la desnutrición y otras deficiencias nutricionales en la población infantil. Lamentablemente, Ibagué no se encuentra alejado de esta problemática nacional, al contrario, se encuentra en el centro de esto.

Como se ha vuelto tristemente una tendencia, la ciudad ha estado durante los últimos 20 años dentro del top tres de ciudades con mayor tasa de desempleo, así mismo presenta altas tasas de pobreza monetaria y monetaria extrema que oscilan entre el 34 % y el 14 % respectivamente.

Todo esto se traduce en que las familias ibaguereñas presentan una alta inseguridad económica por cuenta del lánguido sistema económico que les impide obtener un ingreso digno, con el cual poder comprar lo básico para tener una alimentación que cumpla con los estándares nutricionales y con esto poder desarrollarse cognitiva y físicamente de forma adecuada. En ese sentido, el Programa de Alimentación Escolar (PAE) es una iniciativa muy importante para mejorar la nutrición de los niños, niñas y adolescentes que asisten a las escuelas públicas en la ciudad.

Este programa busca garantizar que los estudiantes reciban comidas nutritivas y adecuadas para su edad y necesidades nutricionales, lo que puede mejorar su rendimiento académico y su salud en general. Además, el Programa de Alimentación Escolar puede contribuir a reducir la deserción escolar, ya que para muchas familias de bajos ingresos, la comida escolar puede ser un incentivo importante para enviar a sus hijos al colegio. Así pues, ante las difíciles condiciones económicas en las que se encuentran muchas familias ibaguereñas, las instituciones educativas se vuelven en guardianes del bienestar de la población infantil.

Sin embargo, a pesar de los grandes beneficios que reporta el PAE para la salud y bienestar de los estudiantes, en Ibagué hay más de 36 mil niños, niñas y adolescentes que se encuentran excluidos del programa que son expuestos a una situación realmente dramática: ver como sus compañeros y compañeras pueden comer y tener su estómago lleno, mientras que ellos tienen que aguantar la jornada escolar con hambre, un monstruo que los carcome poco a poco y les impide poder desarrollarse.

Por otro lado, un reto adicional que resulta fundamental para garantizar la seguridad alimentaria radica en que también se le entregue las raciones alimentarias en épocas de receso escolar, ya que en esta época se ha reportado que es donde los estudiantes sufren más por no tener el apoyo alimentario por parte del Estado. En síntesis, el programa tiene dos retos para aumentar y fortalecer la seguridad alimentaria de los niños y niñas: la ampliación de cobertura tanto en cantidad, así como del tiempo en que se están brindando las raciones alimentarias.

Por lo tanto, la misión que se plantea en el Plan Nacional de Desarrollo 2023-2026 que establece que “Se avanzará en el incremento progresivo de la cobertura hasta alcanzar la universalidad, y con la atención durante todo el año escolar, incluyendo los periodos de receso académico” resulta fundamental para garantizar el derecho a la alimentación de los niños, niñas y adolescentes y es un paso muy importante de ese gran sueño para todos los colombianos: un país con hambre cero.

Por: Nicolás Álvarez Bernal.

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