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Ibagué: De las ruinas del 2015 al podio del deporte nacional

Ibagué es la capital del deporte colombiano. No es una frase de cajón, no es simple demagogia a favor de una causa administrativa y menos política. Es la realidad de una ciudad que hace una década era reconocida por la desidia de los escenarios de los Juegos Nacionales y hoy es epicentro de eventos deportivos internacionales. Esa sombra de abandono que nos marcó a nivel nacional ha sido sustituida por una infraestructura de vanguardia que hoy nos permite mirar de frente a cualquier capital del continente.

La prueba más reciente de este gran momento ocurrió el pasado cinco de febrero, cuando la Alcaldía de Ibagué anunció que nuestra ciudad será la sede de la Billie Jean King Cup. Este evento, el más importante del tenis femenino a nivel mundial por equipos, traerá a suelo tolimense a las mejores exponentes de Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, México, Perú y Venezuela. No es un hecho aislado; es la consecuencia de haber demostrado capacidad organizativa en escenarios que hoy son orgullo local, como el Complejo de Raquetas, calificado por expertos como uno de los mejores de Sudamérica.

Bajo la gestión de la alcaldesa Johana Aranda, la ciudad ha entendido que el deporte es la mejor vitrina para el mundo. Durante esta administración municipal, el ritmo no ha dado tregua: solo en 2024 fuimos sede del Panamericano de Patinaje, con más de 20 naciones en competencia, y de la Copa Davis, un hito histórico para el tenis regional. Esta continuidad es vital; la política deportiva ha pasado de ser una promesa de ejecución a ser una realidad de impacto global que posiciona nuestra marca de ciudad.

Pero más allá de las medallas y el aplauso en las tribunas, está el impacto en el bolsillo de los ibaguereños. La apuesta por el Turismo Deportivo ha dejado de ser una teoría para convertirse en un dinamizador económico tangible. Según cifras reportadas por los gremios y la administración, la realización de eventos de gran calado ha llegado a inyectar más de $14.000 millones de pesos en periodos de alta competencia, irrigando recursos directamente a los sectores de hotelería, gastronomía y transporte. Es dinero que circula en la economía local, que genera empleo y que justifica cada peso invertido en la modernización de nuestra infraestructura.

Al final del día, la objetividad periodística nos obliga a separar el ruido político de los resultados concretos. Ibagué ha pasado de ser un referente de desfalco por sus escenarios fallidos a ser el modelo nacional de gestión deportiva. Negar esta transformación sería ignorar la realidad de una ciudad que hoy vibra con el tenis mundial y el patinaje de élite.

Hay que reconocer lo bueno cuando se hace: hoy, la capital del Tolima no solo recuperó su dignidad deportiva, sino que aprendió a competir como una metrópoli moderna. El reto ahora es no retroceder; porque ser la Capital del Deporte no es un título vitalicio, es un prestigio que se defiende cada día con transparencia, mantenimiento y la convicción de que el deporte es, sin duda, el mejor negocio para el progreso de nuestra región.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Editor General

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