Jaime Vidal Perdomo, un educador de la ética

Imagen: Ámbito Jurídico.

Jaime Vidal Perdomo nació en Icononzo (Tolima) el nueve de diciembre de 1931 y falleció el 28 de febrero de 2018. Se formó como abogado en la Universidad Nacional en 1956 y realizó estudios de posgrado en Francia. Este jurista tolimense ha ocupado, con éxito, varios cargos tanto en el sector público como en el privado.

Ejerció la docencia en varias y reconocidas universidades del país, ha participado en las reformas constitucionales y administrativas, en las cuales fue redactor de numerosos proyectos, realizó publicaciones no solamente de libros sino también artículos en revistas, y lo más importante es que perteneció como miembro en varias academias, entre ellas la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

Por él, y otros personajes que han puesto en alto el nombre del municipio de Icononzo, los habitantes del citado ente territorial se sienten orgullosos. Por esta razón, en esta oportunidad queremos rendir un homenaje a este jurista como el educador de la ética. Son dos consideraciones que se quiere resaltar.

La primera, Vidal Perdomo era amante del diálogo como herramienta para la consolidación de la paz (El Nuevo Día 03-09-2016). El diálogo se identifica como una plática entre dos o más personas que alternativamente manifiestan sus ideas encaminadas, entre otras, a resolver un problema social (o en plural, problemas sociales). Debemos difundir con frecuencia esta herramienta en aras de eliminar (o reducir, para algunos) el odio, la venganza, la prepotencia, entre otros factores. Porque si contestamos al odio con el odio, y no con el diálogo, entonces ¿Cuándo se acabará el odio?

La segunda, Vidal Perdomo era un educador de la ética. Es tanto que algunos han considerado a este jurista como un funcionario probo. Debemos seguir las enseñanzas de este señor para lograr un país con un mejor futuro, seamos ejemplo para las nuevas generaciones. En esto hay que decirlo: lástima inmensa por sus efectos en materia de violencia, narcotráfico, corrupción, enriquecimiento ilícito, que de sus valores y enseñanzas se hayan olvidado por quienes sucedimos a grandes educadores de la ética ¡¿Cuánta sangre se hubiera ahorrado este país!? ¡¿Cuánto dinero del erario se hubiera ahorrado? ¡Debemos aplicar la ética! ¡Debemos seguir las enseñanzas de grandes personajes que inculcan la ética!

Para finalizar, repitamos entonces los principios con los que Ulpiano identificó el Derecho y que algunos juristas como Alfonso Reyes Echandía, Darío Echandía Olaya, Jaime Vidal Perdomo (y otros personajes) convirtieron en la guía inseparable de su diario quehacer: “vivir honestamente, no dañar a los otros y dar a cada cual lo suyo”.

Por: Carlos F. Forero Hernández
Docente y litigante.

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