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La aritmética del poder: lo que revelan las encuestas cuando se suman sin pasión

En medio del ruido político, de las narrativas interesadas y de las encuestas usadas como armas de campaña, hay un ejercicio incómodo por su crudeza: sumar. Sin adjetivos, sin interpretación, sin militancia. Solo sumar. Este editorial encargó a la inteligencia artificial un ejercicio que pocas veces se hace con disciplina: tomar todas las encuestas serias publicadas en marzo, con ficha técnica, ponderarlas y construir una radiografía matemática del momento electoral colombiano.

El resultado no admite demasiadas interpretaciones. El promedio consolidado ubica a Iván Cepeda como líder con un 34,7% de la intención de voto, seguido por Abelardo de la Espriella con un 22,9%. Más atrás, pero no irrelevante, aparece Paloma Valencia con un 11,2%, mientras Claudia López alcanza un 7,6% y Sergio Fajardo un 6,5%. El resto del electorado se diluye entre indecisos, voto en blanco y candidaturas menores.

Cuando esos porcentajes se traducen en votos —sobre una participación estimada del 52% de un censo cercano a los 40 millones de ciudadanos— la fotografía se vuelve aún más elocuente. Cepeda estaría alcanzando alrededor de 7,2 millones de votos, De la Espriella unos 4,7 millones, Valencia cerca de 2,3 millones, López 1,6 millones y Fajardo aproximadamente 1,3 millones. No es una proyección menor: es la materialización numérica del momento político.

La consecuencia es directa: si las elecciones fueran hoy, la segunda vuelta estaría definida entre Cepeda y De la Espriella. Y en ese escenario, el agregado de encuestas sugiere una ventaja consistente para Cepeda, con un rango entre el 52% y el 55%, lo que equivaldría a cerca de 11 millones de votos frente a unos 9,8 millones de su contendor. No es una diferencia irreversible, pero sí estructural.

Sin embargo, toda lectura estática corre el riesgo de volverse obsoleta en cuestión de semanas. Hay un factor que comienza a tensionar esa aparente estabilidad: el crecimiento de Paloma Valencia. Aunque su promedio aún la mantiene fuera de la segunda vuelta, su tendencia en varias encuestas recientes es ascendente. Y en política, las tendencias no solo importan: suelen anticipar rupturas.

Si Valencia logra consolidar el voto de derecha y capitalizar la fragmentación actual de ese sector, el tablero podría cambiar de forma significativa en las mediciones de finales de abril. La historia electoral colombiana ha demostrado que los movimientos tardíos, cuando conectan con un electorado disperso, pueden alterar escenarios que parecían definidos.

Este ejercicio no predice, no especula, no toma partido. Simplemente suma. Y esa suma arroja una verdad incómoda para muchos: hoy hay dos candidatos con ventaja clara hacia la segunda vuelta, pero también hay una dinámica en curso que podría reescribir la competencia.

Porque al final, en política, como en las matemáticas, los resultados no dependen de lo que se quiere ver, sino de lo que realmente se suma. Y en Colombia, esa suma aún está lejos de cerrarse.

Este es un Editorial de A la luz pública

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