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Imagen: suministrada.

La fe mueve montañas pero, no a los jugadores del Deportes Tolima

Es cierto que el hincha siempre guarda un destello de esperanza así sea el más mínimo, cuando se trata de ver a su equipo clasificado. El problema es que la fe de la afición no se traslada a la cancha y si los jugadores que están representando a un equipo no la tienen, seguramente no alcanzará.

Esa fe al parecer, se perdió dentro del Deportes Tolima hace rato. Algunos futbolistas se ven sin alma en la cancha y (con pocas excepciones) no muy preocupados de estar prácticamente eliminados.

Con la llegada del nuevo técnico Juan Cruz Real, se prendió una vela con la ilusión que podría llegar el milagro. Esa tenue llama se diluyó después del empate en Santa Marta ante el Unión Magdalena.

Algunos hacen cuentas todavía. Si Júnior no gana, Equidad pierde, Santa Fe empata, Medellín no suma de a tres, etc. Si el Tolima le gana a Nacional, si esto y aquello. Más o menos esperar, a que diez circunstancias a la vez se den. Algo que raya casi en lo paranormal.

Aun así mientras los números cuadren una parte de la afición de manera irracional seguirá esperando. Decimos irracional porque se les olvida temas como el rendimiento del equipo, la cohesión de grupo, la indisciplina de algunos, y la falta que hace un dirigente con pantalones como Gabriel Camargo.

Creo que lo más sensato sería esperar a que el Deportes Tolima termine con decoro la Liga y haga su mayor esfuerzo en la Copa Sudamericana. No es fácil para el timonel cuando a varios jugadores se les nota que anhelan más las vacaciones.

En el mundo de las probabilidades matemáticas es prudente revisar los porcentajes de posibles aciertos y fracasos. Así como se mira con lupa lo que tendría que pasar para que llegara el milagro, también, se le debería informar a la afición que hay un más de un 95 por ciento de eliminación asegurada.

Cuando un paciente está en cuidados intensivos el buen médico le habla a su familia con la verdad y no da esperanzas vanas. Su familia tiene el derecho de esperar el milagro, por supuesto. No obstante, el galeno se mantendrá en lo que la ciencia de las probabilidades manifieste.

El deber del buen periodista es como el del médico, hablar con la evidencia, con la verdad, con soportes. El hincha tiene el derecho absoluto de soñar pero, no el analista. A este no lo puede mover otra cosa que la razón. Si el milagro se diera, eso sería; un milagro, nada más. Es mejor ir a lo sensato.

Es claro que la fe mueve montañas, mientras el que espera el milagro sea quien patea el balón. No vemos eso en varios de estos jugadores.

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