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Imagen: tomada de Twitter.

Llenar plazas no siempre da la certeza de que quienes asistan van a votar por el candidato

Los que han trabajado en campañas políticas, o analizan elecciones saben que llenar plazas no es del todo confiable y menos garantiza, que el conglomerado saldrá despelucado el domingo 29 de mayo a votar por quien convocó. La realidad, es que esas inmensas reuniones son un arma de doble filo en donde solo en el interior de una campaña saben qué tantas maromas hicieron para llevar la gente.

Es algo así como cuando usted está buscando amigos y la forma de conquistarlos es invitarlos a una fiesta en donde les va a dar: lechona, licor, regalos y dinero. Serán muchos los que vayan, sin embargo, usted compra compañía pero no cariño real. Si lo acompañaron sin ningún interés y si a mucho ofreció un abrazo y agua en bolsa, quizás ganó un parcero para siempre.

Algunas campañas se enredan en esa misma telaraña de mentiras cuando invierten sumas inmensas de dinero para llenar plazas. Asimismo, cuando hacen uso del poder y obligan a contratistas, familiares, proveedores a asistir con la advertencia  de la no renovación del contrato o de dárselo a otro de hacer caso omiso.

Hay diferencias entre esta campaña, con las de otras fechas. En el caso de las elecciones a Senado o Cámara o las mismas regionales y locales; este tipo de estrategias (chantajes laborales)  son muy efectivos y se puede controlar al electorado. En las presidenciales, en donde son millones de votantes, es supremamente complejo entender quién hizo la tarea y quién no. Le queda muy difícil a un líder regional saber quiénes le cumplieron con su candidato a la presidencia y quién recibió la dádiva y le hizo pistola.

Es por eso que sostienen los politólogos que en estos comicios se mueve el voto de opinión, o sea cada quien vota por quien le da la gana. Entonces se preguntarán algunos ¿qué buscan los políticos con las reuniones? La respuesta es: depende. Si las hace a convicción, el objetivo es conectarse con la gente, transmitir su discurso, verse cerca de su electorado.

Todo lo contrario sucede con el que trae gente comprada. Los que estudiamos la comunicación y la psicología de masas, sabemos que con este tipo de artimañas se busca generar impresión de triunfo. Desde Platón y Aristóteles, hasta el psicoanalista Freud, Adler, o la Escuela de Frankfurt, entre muchos otros;  se ha venido estudiando este fenómeno en donde el poder busca alienar a sus sometidos a través de artilugios.

Es en el sistema límbico, la parte más antigua del cerebro, donde se producen las emociones que llevan a conformar el comportamiento de un grupoIndudablemente estamos dados por temor o por ignorancia a seguir el efecto de rebaño. Sin embargo, estas emociones son reacciones de percepción de los sentidos en donde no tiene nada que ver la razón la cual tiene lugar en la corteza cerebral. Lo hago más sencillo, tenemos una tendencia absoluta a caminar por donde va la mayoría.

Retomando el tema de las reuniones masivas, ese es el efecto que buscan con las mismas, cazar incautos que al ver la fotografía en la plaza pública diga: “este como que va a ganar” y así salga corriendo a votar por el “favorito”. Lo cierto, es que con la llegada de las redes sociales, los programas de edición fotográfica y los expertos en montajes; cada vez la gente cree menos en ese cuento.

Lo peor, es que así como el político engañaba  a su electorado, también el votante  aprendió las mañas y la demagogia. El líder de hoy va de campaña en campaña, de reunión en reunión recibiendo dádivas, entregando abrazos diciendo a todo pulmón: “Doctor aquí nosotros estamos con usted” y al final huele para dónde va Vicente…Comprendió que el poder es dinámico y finito.

Queridos lectores, el 29 de mayo será la gran encuesta,  esa que dejará bien o mal parados a las firmas que las realizan y  a los políticos, analistas y columnistas. Ese día cada quien votará por quien le parezca. El próximo domingo, habrá divergencias por el voto hasta en miembros de una misma casa, no lo duden.

El sufragio en las presidenciales es de convicción porque hasta el que lo vendía aprendió a cobrar, tomar la foto, enviarla, anular el voto y terminar votando por el que le guste. El temor más grande en esta coyuntura no son los ríos de dinero, reside en quiénes cuentan los votos. “El que escruta elige”: se ha escuchado millones de veces.

Hace cuatro años Germán Vargas Lleras, llenaba plazas, regalaba casas, y demás, pero fueron más fuertes sus coscorrones y no caló. Incluso, le gané una apuesta a un político amigo que estaba con él y le dije que no pasaría a segunda vuelta. No me creyó, a pesar de darle mis razones sustentadas hasta en una columna de opinión.

No es que seamos pitonisos es que hemos aprendido a ver la política con la razón y lejos de la emotividad. No olviden jamás esta frase de Sigmund Freud: “Del enamoramiento a la hipnosis no hay gran distancia”. Le agrego una frase de mi autoría: “La política y el amor no van de la mano, a la primera la rigen los intereses y donde hay interés no hay corazón”.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Editor General.

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