Siete de agosto: a 200 años, festejo de los más cobardes

Imagen de referencia.

¿Dónde están los ejercicios militares propios en las fronteras en nuestros 200 años de independencia?

¿Dónde el mostrar a la muchachada Centennials que no son más los cobardes humillados que en plena visita del Bush hijo hace más de una década, delante de su patético comandante supremo e indiciado actual expresidente y ante las cámaras de TV internacional, los esbirros gringos adictos cocainómanos del Air Force One, en plena Plaza Bolívar humillaban a nuestro efebos soldados del Batallón Guardia Presidencial hurgándole públicamente sus armas de honor, ante el silencio miserable y cobarde del antioqueño convertido mediáticamente en presidente?

¿Dónde los misiles aire – tierra o aire – aire para defender las fronteras patrias?

¿Dónde la defensa contra la invasión extranjera, su papel constitucional?

Bolívar, el venezolano universal, mentor de nuestro ejército nacional, aquel  glorioso ejercito del puente Boyacá hace 200 años, tenía razón:

“… ¿Cuánto no se opondrían todos los nuevos estados americanos, y los Estados Unidos que parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la Libertad? Me parece que ya veo una conjuración general contra esta pobre Colombia, ya demasiado envidiada de cuantas repúblicas tiene la América…”. Fragmento de “Carta al coronel Patricio Campbell”, Guayaquil agosto 5 de 1829.  

Pero han corrido largos 200 años, y el honor militar y patrio se fue inclinando en la cérvix ante el gringo usurpador, contrariando a Bolívar, su único héroe este 7 de agosto dos siglos después.

Generales de soles, de estrellas, brigadieres generales, coroneles, tenientes coroneles y la sin fin de oficialidad vuelta y hecha servil ante los gringos por los Uribe Vélez, por los Gaviria Trujillo, por los Pastrana Arango y por la pléyade criminal apátrida que les vivencia, mediante la histórica lisonja presupuestaria de la afamada “prima de lealtad”, no leal a estos dignos 200 años, sino a las familias y a la progenie de éstas que como la del cobarde antioqueño, enriqueció a sus vástagos dizque a punta de manillas.

¿Hace falta un Chávez entre la oficialidad colombiana?

Quizá no.

Quizá así estemos, imaginariamente, bien.

O quizá ya camine como camina la sombra de Bolívar, cuando al recordar hacia 2008 al entonces comandante de la IV División, señor Guillermo Quiñones Quiroz, frente a la afrenta publica del cobarde antioqueño expresidente en uno de sus shows de gobierno exigiéndole en su tono melodramático de capo di capo en desuso, capturar al “Loco” Barrera, éste entonces, el sublevado y digno general, le ripostara delante de todo el auditorio amañado: “Pues venga y si es tan verraco, lo captura usted”.

El general sabia de lo que hablaba, desde el peaje de Guayabetal hasta el aeropuerto de San José del Guaviare, dos poderosos frentes de las antiguas Farc-EP a los que nunca pudo vencer en combate, el 27 y el 43, más los ejércitos parapoliciales del señor “Cuchillo”, más las empresas paraestatales del señor Barrero, mas innumerables comandos surgidos de los variopintos surtidores de placer de los esbirros del Air Force One, que humillaron a los soldados del Batallón Guardia Presidencial el 11 de marzo de 2007 en plena Plaza de Bolívar.

Pero los cobardes al poder le cobraron al general su afrenta hacia el mañoso antioqueño: le decretaron su baja por falsos positivos, de los cuales como a otros traicionados, al general el camino de la  JEP es su único rumbo, para limpiar su honor y contar la verdad para desenmascarar cobardes enriquecidos a punta de manillas y sangre de compatriotas.

Pedro Antonio Marín o Manuel Marulanda Vélez, el campesino colombiano que desde el Tolima comandó a la más grande guerrilla del mundo por casi seis décadas, enfrentando a nueve presidentes gringos y sus planes militares en Colombia (Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo), invitó alguna vez a oficiales y suboficiales no cobardes, similares al desahuciado Quiñones Quiroz, a unir su lucha contra un enemigo común: el robo de lo público y la abyección del gobierno ante el gringo.

Militares colombianos bolivarianos no cobardes, por el contrario llenos de coraje y en silencio bicentenario, verán este siete de agosto como los Uribe Vélez, los Gaviria Trujillo, los Pastrana Arango y los clanes que les sustentan junto a sus camaradas de soles y estrellas cobardes, rinden orgulloso homenaje a siete bases militares extranjeras, a la permanente violación del espacio aéreo nacional, a esporádicos cocainómanos marines violadores de niñas en Tolemaida, a prósperos exmilitares judíos abusadores de niños y niñas en Santa Marta, mientras se iza el pabellón nacional.

200 años después a los militares colombianos, les aguarda una nueva batalla en el puente de Boyacá, no para ajusticiar compatriotas desarmados y vestirlos de botas invertidas, sino para con el honor militar que les caracteriza, denunciar a los cobardes que nos han gobernado a punta de sangre y de ordenes insanas.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, ingeniero agrónomo.

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