Una alianza por el futuro de El Líbano

Miguel Salavarrieta Marín

Columna de opinión.

Una de las decisiones más importantes de los últimos decenios tienen en sus manos los libanenses de nacimiento y por adopción en la elección del próximo alcalde, quien indiscutiblemente debe consolidar de inmediato una verdadera alianza público – privada – comunitaria , sin revanchismos ni roscas, que defina la verdadera agenda y futuro de El Líbano afrontando la grave crisis socio-económica, haciendo uso apropiado de la oferta institucional de todos los órdenes y de paso fortaleciendo las desaprovechadas potencialidades de la región como por ejemplo nuestra vocación cafetera y todo lo que llegará con la vía a Manizales.

Eso no lo hace una sola persona, lo hace un equipo de gobierno en alianza con la sociedad civil en sus diferentes manifestaciones, con los sectores de la producción, con el Concejo y la Asamblea y obviamente con el apoyo del equipo de congresistas tolimenses, la administración departamental y el gobierno nacional.

Esa es la única forma de rescatar la región y dejar de seguir soñando con la época dorada de la aldea, porque es que nuestro problema va mucho más allá de las “viandas de campaña”, es que nuestro problema es la pérdida de pertenencia, de competitividad frente a otras regiones del país y la carencia de una perspectiva globalizada ante el comercio nacional y mundial. En otros términos, nuestro «pecado capital» es el desamor por El Líbano, como si esta fuera tierra de nadie.

Pero me enfoco en mi terruño, en mi pueblo, El Líbano que algunos llaman ciudad, ese municipio que en 1964 tenía 54.574 habitantes y hoy está alrededor de los 40.000, con casi la mitad procedente de otras latitudes.

Todos sabemos las condiciones especiales que debe reunir el próximo alcalde, ese jefe de gobierno conciliador que trabaje por el encausamiento del municipio en los asuntos relevantes y que no se distraiga en los «temitas de la clientela política«. Lo necesitamos con mucha personalidad, que ponga la cara siempre, que no delegue lo fundamental en terceros, que esté revestido de mucho carácter y equilibrio, entendido este como el «actuar con firmeza, energía, ecuanimidad, mesura y sensatez en todos los actos y juicios«.

No nos podemos equivocar, esta es una coyuntura histórica que no se dará en cuatro años, tiene que ser aquí y ahora, porque en la práctica o avanzamos en firme con el concurso de todos, o seguimos naufragando.

Si queremos sacar adelante a El Líbano, el alcalde como líder de esa alianza que se plantea debe asumir con decisión asuntos trascendentales como la seguridad, la generación de empleo, fundamentales para la tranquilidad y la subsistencia, la educación como soporte del progreso, las vías por donde debe fluir el desarrollo y la cultura, una aterrizada agenda para el turismo, el conflictivo tema del espacio público y de movilidad, los primeros pasos firmes para una sociedad de economía mixta que proyecte, construya y administre una terminal de transporte, en síntesis trabajar por el mejor estar de la comunidad y volver atractivo el municipio para la inversión, obviamente todo incluido en el diseño responsable y serio del Plan Básico de Ordenamiento Territorial que no lo tumben a la vuelta de unos años.

Paralelamente a ese ejercicio del ejecutivo, el mandatario debe asegurar a la comunidad, periódicamente, o cuando se le requiera, una información veraz y detallada sobre la inversión pública.

Esta ha sido una dura campaña por la alcaldía, entre otros aspectos por la cantidad de aspirantes a la Alcaldía, pero consecuente con mi «sueño de la alianza» no entraré en detalles, ni en señalamientos. Solo aspiro a que quien salga avante, en algún momento, lea esta sencilla nota escrita por un hijo de El Líbano que anhela a que cuando alguien en Bogotá o en cualquier parte del país me diga: “Ah, usted es de El Líbano” y a renglón seguido exclame “!qué clima tan agradable!”, yo pueda atiborrarlo de información positiva sobre lo que se está haciendo en ese período 2020 – 2023 y no tenga que recurrir a contarle sobre el esplendor de lo que fue la aldea de El Líbano y sus valientes colonizadores.

Por: Miguel Salavarrieta Marín, Comunicador Social, Periodista.

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