Votar en blanco en Ibagué, a un paso del poder popular

Imagen: Sindicato Anthoc.

Seguramente en los días siguientes a esta nota, Ibagué de nuevo será gobernada por el empresariado electorero que con el disfraz de gremios a veces, en otras mas de castas familiares que se auto-heredan entre sí lo público o en algunas otras, simplemente con la franquicia de los partidos o de las iglesias que se aseguran de tanto en tanto no perder el enquistado usufructúo de los dineros del Estado en el municipio de Ibagué.

Desde Cortolima hasta la Universidad del Tolima, pasando por el Hospital Federico Lleras, e incluso desde dentro de las instalaciones de la Metib hasta la misma entraña del Cantón Jaime Rooke, toda la asignación del recurso publico, se vuelca en aras que los disfraces de ocasión les funcionen a los electos, dado que si uno (no hay una o une) es el alcalde, su segundo actuará de miembro de esa bien moldeada fábrica de disfraces electoreros llamada Concejo Municipal.

En esencia, el empresariado electorero de Ibagué ganará con sello o con cara.

Pero ¿cuál es el empresariado electorero que nunca pierde en Ibagué?

El mismo que permitió durante años crímenes del terrorismo de Estado bautizados por la prensa como falsos positivos, en sus barriadas o en su zona rural a las orillas del río Combeima o del Chipalo, o que hoy complaciente disfruta en dividendos la exportada violencia del crimen organizado para los sectores mas pobres de la ciudad, para su control, dirán los oscuros miembros del empresariado.

El mismo que miró en sus cuentas bancarias, mientras antaño durante décadas se construía y se reconstruía sin construir el Terminal de Buses, el Panóptico, el Acueducto Alterno, la avenida Fantasma, el Hospital Veterinario o más recientemente, mientras se demolían miserablemente los únicos espacios recreativos y deportivos para los más pobres de la ciudad.

El mismo que hizo de la oficina de Planeación Municipal de la ciudad, el gueto de exclusión para las barriadas y a la vez, meca del enriquecimiento sin causa para los poderosos terratenientes de la Meseta, los de la calle 60, los de la vereda Cay, los del sector del Totumo o los de las muy coincidentes zonas rurales por donde trazaron las doble calzadas o la amañada expansión urbana.

Por lo demás, habrá que preguntárselo a la Fiscalía General de la Nación y a los tribunales penales de la ciudad.

Mientras tanto, la otra Ibagué, la real, la que recibe de a gotas, ante sus justas demandas y manifestaciones, “control y orden” por la Policía del corporativismo de la que se ha servido y se sirve el empresariado electorero para imponernos cada tres años sus disfraces, silente camina al descreimiento y de ahí a tomar conciencia del poderoso valor cívico del voto en blanco.

El voto en blanco no es de izquierda, ni de centro ni de derecha, no es católico ni evangélico ni ateo, no es animalista ni carnívoro ni vegano, no es hipsters ni millenials ni tan siquiera ñero y mucho menos héroe.

Es el primer paso para el poder popular, que por popular háblese de pueblo, este al que por norma corresponde la democracia que el empresariado electorero con sus disfraces, secuestró desde los tiempos del Frente Nacional no solo en Ibagué sino en Colombia entera y que para nuestro destino de desgracias, cualquiera de las cartas marcadas que gane la alcaldía este 27 de octubre, tiene el sello imborrable y oculto de una de las nietas de los secuestradores de la democracia en el periodo mas anti-democrático y anti-popular de nuestra historia como sociedad.

De ahí la importancia del voto en blanco.

Este es popular, no empresarial ni electorero.

Es la manifestación pacifica de la desaprobación constitucional del robo continuado de los dineros del Estado por el empresariado electorero.

Así de sencillo.

Por ello un loable favor le haría la ibaguereña y mediática izquierda de puestos a la democracia que nos dejó el Frente Nacional con sus nietos y nietas, al convocar a sus adeptos a votar en blanco, retirándose con dignidad a tiempo de sus aspiraciones a una elección de alcalde y concejo municipal, embadurnada de disfraces fachos, que seguramente en cualquiera de las cartas marcadas que coercitiva y estratégicamente ya anunció el muy de derecha diario El Nuevo Día, serán nuestra “única opción” a alcalde 2020 – 2023.

Y sea con 20 mil, 40 o 60 mil como el actual alcalde, cualquiera de las cartas ya marcadas del empresariado electorero anunciadas por su diario, que llegase este 27 de octubre a la hermosa casona de la Alcaldía de Ibagué, de entrada gobernará con el grillete puesto de la revocatoria, que el poder popular sabrá imponerlo, con Esmad o sin esta.

Claro, todo si el software del Registraduría Nacional, por algún spyware o gusano cibernético (ahora si comprenden porque a la ultra-derecha latinoamericana que va y viene de Miami-USA, desde los 60 se le bautizó similarmente), no nos impone los designios escondidos de la progenie del Frente Nacional o la del Estatuto de Seguridad turbayista.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, ingeniero agrónomo, propietario de la extinta tinenda cultural La Guacharaca.

1 comment

  1. Julio cesar

    Una pregunta: si el voto en blanco gana en una eleccion para alcalde o gobernador o presidente, esta eleccion se debe volver a repetir; pero veo que esto no opera para los cuerpos colegiados, ya que en el caso de ibague el voto en blanco saco 25.269 y la lista con mayor votacion fue la del partido de la U con 20.089. Que paso el acto legislativo 01 de 2009?

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