Puede ser que mi columna no sea del agrado del feminismo radical, pero, hay razones de peso para la misma. Hace más de diez años puse una objeción frente al lema de una campaña que decía “No es justificable el maltrato contra la mujer” y le pregunté a su creadora: ¿Acaso hay algún tipo de maltrato justificable?
¿Dónde quedan los ancianos, los niños, los animales, la naturaleza y sí, hasta los hombres? Es cierto que la deuda histórica es grande con las mujeres, pero limitar el discurso a un tema de género lo único que hace es polarizar más y que se exacerbe la guerra de sexos que cada vez es peor.
Escucho decir “tenemos que estar unidas las mujeres, porque juntas somos más fuertes”. Creo que el mensaje correcto sería “deberíamos estar todos unidos (hombres y mujeres) en contra de todo proceder (venga de cualquier sexo) que atente contra la dignidad humana”.
Es plausible la unión de la Gobernadora y la Alcaldesa y que hagan un frente común por la región. Lo exalto no porque sean dos mujeres (podrían ser hombres) lo hago porque evidencia que más allá de las diferencias políticas se empieza a entender que los problemas estructurales son menos traumáticos si lo resuelven juntas.
Ojalá la valentía que ha tenido la Alcaldesa la hubiera tenido anteriores alcaldes con sus jefes políticos que hasta sus coscorrones les dieron por no hacer caso. La política del perrero siempre ha existido y es una práctica que debería abolirse para siempre y no es admisible independiente del género de la víctima.
Celebro la independencia de la Alcaldesa de Ibagué, su fuerza de carácter y que se desprenda de cualquier tipo de presión política. Sin lugar a dudas, siembra un precedente y permite que ahora sus aciertos y errores los asuma con total responsabilidad.
También, es prudente entender que mientras no se ataque la dignidad de la Alcaldesa y la Gobernadora y sus condiciones de mujeres; deberán seguir expuestas a la crítica porque representan los intereses de una región. La coraza debe ser dura porque al estar tomando decisiones que involucran los recursos de los ibaguereños y tolimenses, seguirán bajo la lupa.
Lo más admirable de ambas, es que han tenido la personalidad que los machistas califican como: “tener pantalones”. Eso no es de pantalones ni de faldas, si fuera así algunos mandatarios del pasado, pasaron con vestido casi todo su periodo. Lo calificaría más bien de responsabilidad con su cargo y su juramento.
La invitación es a bajarle al tema del discurso sexista y centrarnos en que son las acciones las que definen a un individuo más que sus cromosomas.
Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy
Editor General.
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