Al igual que el libro que es más una fábula y anécdotas de los autores Jaime Lopera y Marta Bernal, así están por estos días los políticos del Tolima echándose la culpa los unos a los otros de la situación de atraso en la que está sumida Ibagué.
Todo inició con el reclamo de la ciudadanía (también culpable por elegir mal a sus gobernantes) al ver las calles de su capital en un dantesco deterioro sin precedentes. De ahí salió la alcaldesa con esta perla: ¿Dime cómo está la ciudad capital y te diré que clase de gobernadora tiene?
Acto seguido salieron los alfiles del clan político opositor con la lista de inversiones que se han hecho por parte de la administración seccional en los últimos años en Ibagué. Un rifirrafe en el cual hasta saca pecho el Gobierno Nacional. Es un corral en donde todas las gallinas cacarean por el huevito de codorniz que pusieron.
Obviamente la mayor responsabilidad recae sobre los alcaldes de la ciudad pero, sobre todo el anterior y la vigente. Si la ciudad está como está es producto del poco trabajo que se ha hecho en restauración de vías. Hay que sumarle los trabajos a medias que hacen otras dependencias de la misma administración y que terminan abandonados a su suerte.
No se salva la ciudadanía. En una democracia es el pueblo a través del voto, el que le otorga el poder a un gobernante de administrar los recursos del municipio. Aún después de ser elegido, los mecanismos de participación ciudadana, las veedurías y los medios de comunicación pueden ayudar, exigir y denunciar de existir el caso. La parsimonia y la indiferencia es un aliado para que los gobernantes hagan de las suyas.
Es risible desde todo punto de vista cuando se escucha decir a un gobernante, yo hice, yo pavimenté, yo construí, como si estuviera hablando del dinero de sus bolsillos. Tapar los huecos en una ciudad y en un país lleno de impuestos y de peajes, es lo mínimo que se le puede exigir a sus mandatarios. Son recursos de la ciudadanía.
Mientras el pueblo quiera pan y circo, se seguirán trayendo shows, conciertos, y todo lo que distraiga de los verdaderos problemas. No está lejos la nueva época electoral y es una oportunidad para seguir en lo mismo o promover el cambio que se pide a gritos.
*Este es un editorial de A la luz Pública.
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