Libano
Imágenes: suministradas.

“El escuadrón de la vida”, del pánico a la abnegación

La misión era retardar hasta lo humanamente posible el ingreso del  apocalíptico virus (SARS-CoV-2) al municipio de El Líbano, disponiéndose de controles infranqueables en  los accesos claves al casco urbano, acción que se cumplió con extrema rigurosidad, sin embargo, el terrorífico enemigo pasó campante por los retenes e irónicamente, quién lo creyera, ingresó en ambulancia, el único medio de transporte, que por su naturaleza, no despertaba la más mínima sospecha y estaba avalado para entrar por tratarse de una misión médica.

El viernes ocho de mayo del 2020, procedente de Samaná (Caldas), ingresó al Hospital Regional de El Líbano Alfonso Jaramillo Salazar una paciente de 94 años para una cirugía de ortopedia, que tenía todas las comorbilidades, pero no era paciente Covid, enfermedad que se le detectó cuando fue a ser intervenida quirúrgicamente pues presentó una desaturación de oxigeno, procediéndose a a aplazar la operación, a tomar la muestra para detección de Covid, aislarla, proceder con el tratamiento adecuado y esperar el resultado procedente de la capital.

Para esa fecha, mayo ocho, en El Líbano se habían practicado cientos de pruebas con resultado negativo, hasta que el martes 12 de mayo el Instituto Nacional de Salud, INS, revela oficialmente que la señora dio resultado positivo para Covid – 19.

Según los archivos oficiales del INS este caso se registró como el número 11.886, con las siguientes anotaciones: miércoles seis de mayo del 2020 «inicio de síntomas» con «estado moderado» y recluida en el hospital de Samaná. Jueves siete de mayo aparece como la fecha de «notificación» al Sistema Nacional de Vigilancia y el martes 12 de mayo notificación del resultado positivo para Covid – 19.

Obviamente el rumor se esparció rápidamente, pero la comunidad se negaba a creer porque en los boletines oficiales del gobierno nacional El Líbano seguía con cero casos, pero por un pequeño detalle, la señora infectada aparecía reportada en Samaná, no en El Líbano.

Entonces, el alcalde municipal y el gerente del Hospital Regional se pronunciaron oficialmente, despejando cualquier cualquier duda: tenemos una paciente con Covid en El Líbano, que llegó procedente de Samaná -Caldas. Este es el caso número uno.

Y ahí sí ¿quién dijo miedo?, que ¡Dios nos coja confesados!, porque a esas alturas la paciente llevaba cuatro días en el hospital de El Líbano en contacto con médicos, enfermeras, técnicos, paramédicos, administrativos, de apoyo logístico, etc., a lo que se agregó la incertidumbre y el nerviosismo por la supuesta propagación de la infección por parte de sus dos familiares acompañantes, presumiblemente también contagiados activos y a quienes se les vio en diversos sitios de la norteña población tolimense.

No conozco cuál fue la afectación final en el hospital de El Líbano y en la comunidad como consecuencia del contacto con la señora que llegó contagiada de Samaná, por aquellas condiciones de reserva, pero inicialmente de 20 pruebas cuatro resultaron positivas.

Lo que sí fue de dominio público es el caso de una fisioterapeuta,  quien no solo resultó infectada, sino que los arrendadores del inmueble donde vivía, le exigieron desocupar. Otros funcionarios, habitantes de condominios, calculaban la hora para regresar a descansar evitando el incómodo encuentro con sus vecinos, quienes apenas los identificaban, con “mirada rayada” y sin el más mínimo disimulo se apartaban rápidamente “previniendo” un posible contacto. Paradójicamente, muchos de estos cautelosos vecinos fueron a parar a la novedosa “Sala Covid” y atendidos por aquellos a quienes le huían: los miembros del “escuadrón de la vida” como los denominó la Organización Panamericana de la Salud.

¡Ah vaina! esa es la humanidad, la especie más irracional del planeta. En el solo 2020 se denunciaron en Colombia 325 ataques a misiones y personal sanitario, increíblemente el 50 % fue ocasionado por pacientes, familiares y miembros de la comunidad.

En esas semanas de mayo, las tenebrosas imágenes de Guayaquil (Ecuador) dando cuenta de cadáveres en las calles por colapso del servicio funerario, llevaron a la Alcaldía a tomar las previsiones del caso anunciando la apertura de 225 fosas para las víctimas. Decisión que fue polémica y genero pánico.

Hospital

Fueron semanas, meses, de calles vacías, de un absoluto recogimiento y para “levantar el ánimo” nos suministraban una tóxica descarga de informativa internacional, con temerarias escenas de la vida real, no solo de imágenes de los cientos y cientos de víctimas mortales embolsados y enterrados en improvisadas fosas comunes, sino de testimonios de esos valientes profesionales de la salud contagiados por cumplir su apostólica misión de salvar vidas. Luego, ellos, nuestros salvadores, camino a ser intubados, con el más profundo pedían al mundo que atendiera los protocolos de protección y se despedían de sus seres amados, pues su destino tenía solo dos caminos: vencían al Covid o sus atribulados compañeros, en calle de honor, les rendían el homenaje a un héroe que ofrendó su vida por la humanidad.

Desafortunadamente no existen informes oficiales a nivel mundial o nacional sobre ataques al personal sanitario, ni cifra de contagiados, ni mucho menos de fallecidos. El Consejo Internacional de Enfermeros(as), en un cálculo a mayo de 2021, estableció en 115.000 los muertos “del escuadrón de la vida”, cifra, por demás, baja, si tenemos en cuenta la fecha de dicho reporte y lo que pasó en los siguientes 24 meses.

Ante este vergonzoso hecho de no tener la cifra de víctimas del área de la salud, varias asociaciones del área han exigido ese censo, pero muchos líderes de aquí y de allá creen que la denominación de héroe, es más que suficiente.

Volviendo a nuestra paciente de 94 años que llegó de Samaná con comorbilidades y pronóstico crítico, tenemos que 15 días después de su llegada a El Líbano, el sábado 23 de mayo de 2020, hace tres años,  le dieron de alta en el Hospital Regional, había superado una cirugía de cadera, un infarto y el Covid 19 y fue despedida en emotiva calle de honor, en medio de los aplausos y la felicidad de sus familiares y de los servidores de la institución, se trataba del parte de victoria frente al primer caso, que además, no era un suceso cualquiera.

Realmente el resultado que arrojó la lucha contra el Covid 19 en El Líbano fue muy satisfactorio, las cifras de contagiados  y fallecidos a mayo 31 de 2023, según el INS fue de 122 fallecidos y 2.479 contagiados, muy inferior a lo proyectado por las autoridades del ramo y todo gracias al compromiso del alcalde Antonio Giraldo, pero especialmente a la capacidad administrativa del gerente del Hospital Regional Alfonso Jaramillo Salazar, José Jaime González Enciso, quien con todo su equipo directivo, sanitario, asistencial, administrativo y de logística, no solo sortearon la crisis, sino que con gran visión y compromiso  se anticiparon a evolucionar en los servicios para afrontar los anunciados días grises para la comunidad local y de los municipios vecinos y de la red  nacional que demandan su atención, enmarcada por su humanización, profesionalismo y solidaridad.

Cuando en mayo de 2023 el acumulado de infectados en el mundo llega a 766 millones y las muertes se calculan en 15 millones, mientras el virus sigue matando gente, nuestra inmensa gratitud a esos valientes que expusieron sus vidas por salvar y proteger las nuestras y que aún siguen siendo nuestros escudos, para que tengamos futuro. A los que entregaron sus vidas que la justicia divina los cubra con su infinita bondad por la dimensión de su sacrificio.

Por: Miguel Salavarrieta Marín

Comunicador Social – Periodista

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