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Racismo
Imagen: Revista Semana.

La violencia inicia con nuestro discurso (es hora de hacer la introspección)

En estos últimos días ha sido tendencia la señora Luz Fabiola Rubiano quien hasta hace unas pocas horas era una ciudadana anónima. Resulta que en la marcha en contra del gobierno de Gustavo Petro, se hizo viral un video en el que hace comentaritos racistas y aprueba el asesinato de comunistas.

Lamento mucho las palabras de la señora, obviamente son reprochables, no obstante, estoy seguro que no son las únicas. Aquí habrá que revisarnos todos y entender que los malos modales, las malas formas y la violencia nos han acompañado desde siempre y sin importar el color político. Expongo algunos detalles históricos.

Entre el siete de abril y el 15 de julio de 1994 se asesinaron a cerca de un millón de Tutsis a manos de la población Hutu en un país africano llamado Ruanda. Ese exterminio fue orquestado por los líderes del gobierno, Fuerzas Militares y medios de comunicación que eran de dominio Hutu. La excusa para iniciar el dantesco y macabro genocidio, fue la muerte del presidente Juvenal Habyarimana, quien fue asesinado tras ser derribado el avión en el que viajaba.

El origen del conflicto se remonta a partir del siglo XIX cuando los belgas colonizaron el país bajo un sistema social racista. A pesar, que no existían diferencias significativas entre las dos etnias (todos somos homo sapiens sapiens) la mayoría Hutu (85 por ciento) fue sometida por la minoría Tutsi (15 por ciento) y fueron condenados por mucho tiempo a la esclavitud. Por supuesto, esto exacerbó el odio entre clases. En 1961 Ruanda se independizó pero los odios entre etnias, desencadenaron la masacre de 1994.

Lo más triste. Lo más inverosímil del genocidio, es ver la posición impertérrita de la Iglesia Católica, de la ONU; y la absoluta indiferencia del mundo ante la situación de este olvidado país del continente africano.

El mundo ya estaba acostumbrado a la falta de alteridad y a la deleznable apatía. No es sino echar un vistazo al famoso Holocausto de la Segunda Guerra Mundial, en donde los Nazis asesinaron a seis millones de judíos aproximadamente. El papa Pio XII fue cuestionado duramente por su nulo papel y poca intervención ante la infamia de Hitler y sus secuaces.

En el libro Mi lucha de Adolf Hitler, ya se intuía su odio racial, y la necesidad que según él, tenía Alemania de exterminar a los judíos y a los comunistas a los que consideraba autores de todos los problemas germánicos. Ahora los descendientes de este país europeo han tenido que vivir con la vergüenza, con el remordimiento y con la culpa, de las ignominias de sus padres. Obviamente y aunque parezca absurdo, todavía hay muchos defensores del nazismo.

Colombia no se queda atrás lamentablemente. Después de la Emancipación no ha parado el baño de sangre. Guerras civiles, masacres, violencia ha sido el pan de cada día en nuestro terruño. El siglo XX inició con la pérdida de Panamá y la Guerra de los Mil Días que dejó aproximadamente cien mil muertos en un país que llegaba a los cuatro millones de pobladores. La causa ha sido siempre la misma y la cual perdura hasta hoy. El odio de clases, el bipartidismo y el racismo.

La época de La violencia después de la muerte de Gaitán (1948), solo desató el odio reprimido entre coterráneos. Entre 1948 y 1958 se habla de cerca de 60 mil muertos. Curiosamente la llegada del Frente Nacional (contubernio entre liberales y conservadores) no trajo mejoría alguna puesto que si se toma como base el mismo año (1948) tan solo a 1966 la cifra llegaba a cerca de 114 mil muertos por la misma causa.

Según el informe de la Comisión de la Verdad presentado en julio de este año, estamos viviendo nuestro propio genocidio. Entre 1985 y 2018 se registraron en Colombia 450 mil asesinatos, pero el sub registro habla del doble. No se salvan ni los actores de extrema derecha, ni los de la recalcitrante izquierda. El 45 por ciento de las muertes fueron responsabilidad de los paramilitares, el 27 por ciento las guerrillas y el 12 por ciento de los agentes estatales. Aquí, no hay buenos ni malos, solo violentos y enemigos de la paz.

Así que mí querido lector, es hora de hacer su propia introspección y revisar su lenguaje y discurso. Si usted se refiere al que no piensa como usted con adjetivos como: guerrillero, paramilitar, uribestia, petroñero, indio u asesino, usted es parte del problema de Colombia y no aporta nada a la solución del conflicto. No hay otra vía para progresar y salir del atolladero que el perdón. Si usted dice creer en Dios, más grave todavía porque Jesucristo no lo respalda. No se engañen. Si no me cree, lea los Evangelios.

Para terminar les cuento algo que lo dejará con los pelos de punta. En el genocidio de Ruanda jugó un papel atroz la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas (RTLM). La emisora divulgaba el odio y preparaba a los oyentes para la violencia que se avecinaba. El medio de comunicación fue declarado culpable en 2003 y a sus directores como incitadores del genocidio. Han pasado los años y el debate continúa.

Es prudente hacer la introspección sobre lo que vemos, escuchamos o leemos porque podemos estar siendo utilizados para fines violentos. No lo dude.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Editor General – A la luz Pública.

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