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Camargo
Imagen: Futbolete.

¿Y estos qué se creen?

Desde hace varios meses he venido leyendo y escuchando una propuesta “folclórica” y con tintes demagógicos. Es más, hasta la misma institución (seguramente patrocinadora de esta absurda idea) anuncia en sus redes sociales tal despropósito.

No cabe duda que estas líneas caerán mal y hasta burlas recibiré de aquellos “camarguistas” a ultranza. Sí, aquellos que adulan, veneran y hasta prenden velas por este dirigente deportivo. Pero cuidado, no estoy en contra de toda su gestión, aplaudo ciertas cosas. No sería tan ciego para no reconocer algunas acciones que han sido útiles para dibujar sonrisas en miles de hinchas y, porque no, en uno que otro periodista.

¿Pero bastará con generar sonrisas?, esas que son efímeras como los resultados en el fútbol. Creo que no. El Deportes Tolima es una empresa privada y se comporta como tal, o ¿será que este negocio familiar le ha generado algo más que recreación a la ciudad?, tal vez ingresos económicos a hoteles y restaurantes, además de empleo informal pero que solo se refleja cada ocho o quince días. De resto, esta fami-empresa solo genera utilidades para beneficio propio (obvio es un negocio particular), construyeron una sede donde no entran ni los periodistas (obvio se reservan el derecho de admisión), en fin es un equipo de fútbol donde solo manda una sola persona. ¿Club? ¿Quién dijo que eso era un club?

O será que ya algunos olvidaron cuando el único dueño amenazaba con llevárselo de Ibagué por falta de apoyo monetario, y gritaba que el equipo era de “todos”, muchas veces lo hizo. ¡Ah! pero cuando sus bolsillos se llenaban ahí si no aparecía a decir que el equipo era de “todos”. ¿De todos?, retórica barata para cautivar ingenuos. En la quiebra era de todos, en la abundancia de él, bonito así.

Pero entremos en detalle. Vienen haciendo una campaña para cambiarle el nombre al estadio de la calle 37, llamado Manuel Murillo Toro. Aunque parece que estos aduladores no saben quién fue el médico, escritor y político. Aquí les doy una pequeña clase de historia: Fue dos veces presidente, canciller y secretario de Hacienda. Este chaparraluno trajo a Colombia el telégrafo y fue considerado por la universidad del Cauca como el gran pensador del siglo XIX. SÍ, EL GRAN PENSADOR.

Continuo. El Ministerio de las TIC’S creó la medalla al Mérito de las Comunicaciones en su honor, el edificio sede lleva también su nombre; en Santa Marta hay un busto *en su honor*. En su segundo mandato presidencial desarrolló la navegación por el río Magdalena e inició la construcción del ferrocarril de Buenaventura. En fin, su aporte intelectual al país marcó una etapa importante para Colombia.

Todo esto lo recuerdo para que cierto personaje, un abogado que desconoce la historia, no diga estupideces como: “Lo de Murillo Toro fue hace mucho tiempo”, qué tal semejante ignorancia. Para este señor entonces la historia no existe. Pesa más un expresidente que un dirigente que se ha llenado los bolsillos con SU equipo sin dejarle algo a la región y que ha posado de dictador con varias de sus decisiones.

No deja ser un hecho de lamboneria pura buscar el cambio de nombre, cosas que solo se ven en esta bella ciudad. Les dejo esto a modo de reflexión: ¿Será que en Medellín le cambiaron el nombre a su estadio por el título de la Libertadores de Atlético Nacional? Que se sepa se sigue llamando Atanasio Girardot y no Francisco Maturana. ¿O será que el Metropolitano cambiará su nombre por el de Fuad Char? Como dicen los argentinos “dejemos tanta boludez”.

Por: Yemmil Armando Aragón
Director de la Tertulia del Fútbol.

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