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Imagen de referencia.

Al que no quiere caldo se le dan dos tazas

Resulta engorroso lo que vemos hoy por hoy con estos candidatos que, sin lugar a dudas, están dispuestos a todo con tal de ganar votos, cambiar su imagen y mostrarse como el cambio. Uno ya no sabe si aterrarse o aplaudir sus puestas en escena que, de verás, son muy buenas.

No sé en qué momento la política y la actuación se cruzaron y adicional a eso, también ocurrió que los seres humanos comenzaron a hacer asociaciones en sus cabezas con las cuales comprendieron que un poco de drama, un discurso emotivo y baladí, ¡un movimiento sexy, como dice la canción, servía para obtener poder y…Voilà!

Por esta razón, no es raro ver a los salvadores de la patria cambiando de bando, dándole el abrazo al que antes le gritaban que era un corrupto, llorando y haciendo las promesas más absurdas, como nunca se había visto antes. Lo peor de todo, es que se acostumbraron tanto a que el pueblo actué como los atembaos de la novela, que ya ni siquiera se esfuerzan.

Por supuesto, sigo pensando que el problema nada tiene que ver con estos maestros del disfraz, estos magos e ilusionistas expertos en el engaño; ellos no tienen la culpa de nada, al fin y al cabo, para eso se preparan.

Sin embargo, el problema real radica en la gente que les cree y que fomentan un fanatismo ciego y enfermo que lleva al país a seguir en el mismo limbo de siempre. Sí, somos una sociedad que camina por la delgada línea de la ignorancia día tras día, al punto que ahora resulta que las elecciones de Colombia se han convertido en una auténtica guerra de sexos.

Entonces, pareciera que las personas no logran entender que uno no elige a sus dirigentes por su sonrisa bonita, por sus palabras bonitas, por su físico, ni por su sexo o su color de piel. Aunque escribir esto es tiempo perdido porque es precisamente lo que siempre hacen.

Cuesta trabajo entender que la política no se puede convertir en una guerra de hombres contra mujeres, como penosamente lo vemos ahora con las charlatanerías de un personaje que ha demostrado ser un auténtico camaleón; por supuesto, no hago referencia a una entrevista a medias que mostraron en las redes, no; me refiero a la serie de declaraciones que ha dado este personaje que deja al descubierto su verdadera personalidad y sobre todo sus intenciones, sin contar que en materia política sus investigaciones y su proceder deberían ser pruebas suficientes para que nadie piense en votar por él.

No obstante, pedir que la gente vote de manera crítica en pleno siglo de las tecnologías y de avances sin precedentes en todos los campos es una utopía. El caldo de cultivo que ofrece la política moderna y sus medios, sumando a la ignorancia acérrima del votante, hacen que Colombia siga en el atraso en el que vive y, aunque a muchos no les guste la sopa se la tienen que tomar porque ya lo dice el viejo y conocido refrán:

“Al que no quiere caldo se le dan dos tazas”.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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