Hablar del mercado de escorts en Colombia no es sencillo, porque se trata de una actividad que mezcla economía informal, servicios personales, plataformas digitales, turismo, vacíos legales y debates sociales. A diferencia de sectores como comercio, construcción o transporte, no existe una cifra oficial que diga con precisión cuánto dinero mueve este mercado cada año. Por eso, más que dar un número cerrado, lo más responsable es analizar los canales por donde circula el dinero, los actores que participan y las razones por las que esta actividad resulta tan difícil de medir.
Un mercado difícil de contar
El primer problema para calcular cuánto mueve el mercado de escorts en Colombia es la falta de registros formales. Muchas personas que ofrecen servicios de acompañamiento o actividades sexuales pagadas no están vinculadas a empresas registradas, no cotizan como trabajadoras de ese sector específico y no reportan ingresos de manera diferenciada.
Esto no ocurre solo en este mercado. Colombia tiene una economía informal muy amplia. El DANE mantiene mediciones oficiales sobre informalidad laboral y seguridad social, lo que permite entender que una parte importante del trabajo en el país ocurre por fuera de esquemas laborales tradicionales. En ese contexto, los servicios de escorts suelen moverse en una zona donde hay ingresos reales, consumo asociado y circulación de dinero, pero poca trazabilidad estadística.
Por eso, cuando alguien pregunta “¿cuánto mueve realmente?”, la respuesta honesta es: mueve dinero, genera actividad económica indirecta, pero no se puede medir con exactitud usando fuentes oficiales disponibles.
La diferencia entre escorts, trabajo sexual y explotación
Antes de hablar de economía, es importante hacer una distinción. No es lo mismo hablar de servicios prestados por personas adultas de manera voluntaria que hablar de explotación sexual, trata de personas o turismo sexual con fines de abuso. Mezclar todo en una sola categoría lleva a errores graves.
La Corte Constitucional de Colombia ha reconocido que las personas que ejercen trabajo sexual pueden ser objeto de discriminación y que deben protegerse sus derechos al trabajo, la dignidad, la salud y las prestaciones sociales. Esto no significa promover la actividad, sino reconocer que existen personas adultas que la ejercen y que el Estado debe evitar abusos, violencia y exclusión.
Por otro lado, cuando hay coerción, explotación, menores de edad, redes criminales o turismo sexual abusivo, ya no se habla de una actividad económica voluntaria, sino de delitos y vulneraciones graves de derechos humanos.
¿Dónde se mueve el dinero?
Aunque no haya una cifra oficial, sí es posible identificar los puntos donde el mercado genera movimiento económico. El primero es el pago directo por el servicio. Este dinero puede circular en efectivo, transferencias, billeteras digitales o pagos intermediados por plataformas y agencias.
El segundo punto está en los gastos relacionados: transporte, hoteles, apartamentos por días, restaurantes, bares, servicios de belleza, ropa, fotografía, publicidad digital, administración de redes sociales y seguridad. En ciudades grandes como Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena o Barranquilla, estos gastos pueden conectar la actividad con sectores formales e informales al mismo tiempo.
El tercer canal son las plataformas digitales. Hoy muchas ofertas de acompañamiento no dependen de calles o establecimientos físicos, sino de páginas web, redes sociales, mensajería privada y anuncios en línea. Esto hace que el mercado sea más flexible, más difícil de regular y más complejo de rastrear económicamente.
El papel del turismo
El turismo también influye en este mercado, especialmente en ciudades con alta llegada de visitantes nacionales y extranjeros. Hoteles, vida nocturna, aplicaciones, eventos y zonas de entretenimiento pueden crear un entorno donde ciertos servicios aumentan su demanda.
Sin embargo, aquí hay que ser muy cuidadosos. El turismo no puede utilizarse como excusa para normalizar la explotación. Migración Colombia informó que en 2025 hubo 110 inadmisiones relacionadas con turismo con fines de explotación sexual y que, en los primeros cuatro meses de 2026, la cifra ya superaba los 60 casos. Este dato muestra que las autoridades están prestando más atención al problema, especialmente cuando existen señales de abuso, explotación o redes ilegales.
Así, el impacto económico no puede analizarse solo desde la entrada de dinero. También hay costos sociales, legales, institucionales y humanos cuando el mercado se cruza con explotación o violencia.
Una dinámica que también se observa en otros países
Este fenómeno no es exclusivo de Colombia. En otros países de América Latina, como México, también se observa una relación entre servicios de acompañamiento, economía informal, turismo local y plataformas digitales. Ciudades intermedias con actividad comercial, universitaria o turística han visto cómo este tipo de servicios se trasladan cada vez más al entorno online.
Un ejemplo de ello es la búsqueda de términos como escorts morelia, que muestra cómo incluso ciudades específicas, como Morelia en el estado de Michoacán, forman parte de una conversación más amplia sobre digitalización, demanda de servicios personales y falta de datos claros sobre el impacto económico real de esta actividad. Esta comparación ayuda a entender que el caso colombiano no está aislado, sino conectado con tendencias regionales donde la informalidad, la tecnología y el debate social avanzan al mismo tiempo.
Una economía que se apoya en la informalidad
La informalidad es una de las razones por las que el mercado de escorts puede crecer sin aparecer claramente en las cifras. Cuando una actividad no está regulada de forma clara, muchas transacciones quedan fuera del sistema tributario, de la protección laboral y de los mecanismos de seguridad social.
Esto genera una paradoja: hay ingresos, consumo y demanda, pero no necesariamente hay derechos garantizados, aportes fiscales claros ni protección para quienes participan. Para algunas personas, esta actividad puede representar una fuente de ingresos superior a otros trabajos disponibles. Para otras, puede estar relacionada con precariedad, falta de oportunidades, migración, endeudamiento o exclusión laboral.
La Secretaría Distrital de la Mujer de Bogotá tiene una Política Pública de Actividades Sexuales Pagadas cuyo objetivo es transformar condiciones políticas, culturales, sociales y económicas que limitan el goce efectivo de derechos de quienes realizan estas actividades. Esto confirma que el tema no puede tratarse únicamente como “negocio”, sino también como una realidad social que exige políticas públicas.
¿Se puede calcular con aproximaciones?
Se podrían hacer aproximaciones, pero siempre serían incompletas. Para estimar el tamaño del mercado habría que conocer cuántas personas prestan estos servicios, cuánto cobran en promedio, cuántos servicios realizan al mes, qué porcentaje se queda en intermediarios, cuánto se gasta en publicidad, transporte, alojamiento y plataformas, y cuánto dinero llega realmente a cada persona.
El problema es que muchos de esos datos no están disponibles o son difíciles de verificar. Además, el mercado cambia mucho según la ciudad, el nivel socioeconómico, el tipo de servicio, la presencia de intermediarios y la forma de contacto.
Por eso, cualquier cifra espectacular que prometa revelar “cuánto mueve el negocio de escorts en Colombia” debe leerse con cautela. Sin metodología clara, esas cifras pueden ser exageradas, inventadas o basadas en muestras muy pequeñas.
El impacto económico indirecto
Aunque no se pueda medir el mercado completo, sí se puede afirmar que tiene impacto indirecto en varios sectores. La publicidad digital se beneficia de anuncios y posicionamiento web. Los alojamientos temporales pueden recibir demanda asociada. El transporte privado y las aplicaciones de movilidad también pueden participar. Lo mismo ocurre con servicios de estética, moda, fotografía, entretenimiento nocturno y administración de perfiles en línea.
Este impacto no significa que toda esa economía dependa del mercado de escorts, sino que una parte del consumo generado por esta actividad termina conectada con otros sectores. En economía, esto se conoce como efecto indirecto: el dinero no se queda en una sola transacción, sino que se reparte entre diferentes servicios.
El vacío legal también tiene un costo
Cuando una actividad existe, mueve dinero y no está claramente regulada, aparecen riesgos. Puede haber abusos por parte de intermediarios, dificultades para denunciar violencia, evasión de impuestos, explotación económica, estigmatización y falta de acceso a salud o seguridad social.
También se dificulta separar con claridad los casos de trabajo voluntario adulto de las situaciones de explotación. Ese vacío puede beneficiar a redes ilegales, porque operan en zonas grises donde la vigilancia institucional es más compleja.
Por eso, el debate económico no debería limitarse a cuánto dinero entra, sino a qué condiciones rodean ese dinero. Una actividad puede generar ingresos y, al mismo tiempo, producir riesgos si no existen mecanismos de protección, prevención y control.
Lo que sí puede decirse con responsabilidad
El mercado de escorts en Colombia mueve dinero, pero no hay una cifra oficial confiable que permita afirmar cuánto representa dentro de la economía nacional. Su peso real se encuentra oculto entre la informalidad, las plataformas digitales, el turismo, los servicios personales y el consumo urbano.
También puede decirse que no todo ingreso dentro de este mercado tiene la misma naturaleza. Hay casos de personas adultas que ofrecen servicios de manera voluntaria, pero también existen riesgos de explotación, trata, violencia y turismo sexual abusivo. Esa diferencia es fundamental para no caer en simplificaciones.
En términos económicos, el mercado tiene efectos directos en quienes prestan el servicio e indirectos en sectores como alojamiento, transporte, publicidad, estética y entretenimiento. Pero mientras siga siendo una actividad difícil de medir, con zonas grises legales y alto nivel de informalidad, cualquier cálculo debe presentarse como una estimación, no como una verdad absoluta.
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