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El horrible hábito de hablar de lo que no se sabe

Imagínese usted mi querido lector la impotencia que puede sentir un médico, cuando escucha a tanto tegua, envenenando al prójimo, con pócimas mágicas para combatir sus dolencias. Lo absurdo es que en pleno siglo XXI, todavía creemos en charlatanes que como por arte de birlibirloque dan cátedra de: medicina, derecho, política y ciencia, sin ningún resquemor.

El artículo 20 de nuestra Carta Magna dice en su inicio: “se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones…” Es la ventaja de vivir en un Estado Social de Derecho. Sin embargo, eso no exime de la responsabilidad que debería tener todo ciudadano, de conocer sus competencias como también sus limitaciones para ciertos temas.

Con la democratización de los medios, la aparición de las redes sociales, y el nihilismo que abunda en esta coyuntura se le otorgó un enorme poder a la sociedad, que ha servido para escuchar a los que no tenían voz, pero también para potencializar a los sofistas del siglo XXI. Esos que no son formados en nada, pero que se sienten expertos en todo.

Aparecieron los famosos motivadores, los influencer, la nueva ola de pastorcitos mentirosos y los politólogos que no leen (hágame el bendito favor). Todos ellos con bastante campo de acción porque conocen que en un país en donde el promedio de lectura es de medio libro por año (creo que es mucho) es muy factible enredarlos. Saben que el colombiano promedio se educa políticamente con los canales de televisión tradicionales, que la Biblia está inexplorada abierta en el salmo 91 en la sala de la casa y que primero se visita a al hermano Gregorio que al médico.

Aquí en nuestra amada Colombia los motivadores (con pocas excepciones) están convencidos que diciéndole a una persona con un trastorno de ansiedad o de depresión, que piense positivo, acabarán con su problema de salud mental. Lo único que refleja esto es un elevado grado de ignorancia y de estupidez humana. Haga el experimento con alguno de esos famosos coaching a ver si saben ¿Qué es un bajón de serotonina? ¿Cómo funciona la amígdala en el cerebro? ¿Qué es una terapia cognitiva conductual? ¿Qué es una benzodiacepina? Son simples charlatanes en un alto porcentaje.

En la religión pasa algo parecido, llevan como borregos al matadero a la gente con sus prédicas persuasivas y acomodando a su antojo las escrituras. Si se trata de algo que les favorece buscan el Pentateuco y van a la ley; no obstante, si les conviene más la gracia y la salvación por la fe, entonces se acomodan a los evangelios. Son pocos los que estudian la Biblia y por eso no entienden que muchas de sus prácticas fueron cosas que aborreció Jesús y que son idénticas a las que abundaban en su época auspiciadas por los fariseos y saduceos.

En la política ni se diga. Pocas personas tienen claro cómo fue la emancipación, que fue el Olimpo Radical, la Regeneración, la Revolución en Marcha, el Frente Nacional, etc. No tienen ni idea que nos han gobernado liberales y conservadores (muchos sectarios) y que existieron guerrilleros tanto azules como rojos que se alzaron en armas en contra de los gobiernos de turno. En este tire y afloje, han llevado al país a un baño de sangre interminable por dos siglos en donde las únicas víctimas han sido los más vulnerables, los más pobres, los más desarrapados. Sin embargo, es común escuchar a personas dando cátedra de política con una biblioteca de cientos de memes en sus celulares. Dan grima.

Sócrates, habló siempre de la prudencia como virtud entendiéndose como sabiduría práctica y buen juicio en contraposición a la insensatez. Esa premisa es la que nos debe permitir compartir nuestro conocimiento (lo debemos de tener en alguna área) y estar prestos a investigar y fortalecer las competencias en donde no gozamos de mucho entender. Decía un profesor que tuve en la universidad: “jamás se podrá aprender si se cree que se sabe”.

Un consejo sencillo, cada vez que le hablen de algo sea el tema que sea, revise en primera medida la formación que tiene esa persona en lo que le comparte, por supuesto, además de su ética y moral. Si es de fiar, escuche con mucha atención, pero luego vaya a fuentes confiables (bibliografía) lea y profundice sobre lo que aprendió. Jamás coma entero y no se deje llevar por sus emociones ni estereotipos que siempre nublan el entendimiento.

Finalmente, recuerde que el conocimiento no llega por ósmosis, entonces desconfíe de los charlatanes retóricos que lo único que tienen para mostrar es mierda disfrazada de pomada. Los sofistas no eran de exclusividad de la Grecia antigua, por acá pululan por todos lados. Ojo no les crea.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Editor General.

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