Epistemología de la Desigualdad Social

Imágenes de referencia.

Por estos días circula un meme en las redes sociales que dice que la desigualdad social, existe porque hay gente más inteligente y trabajadora que otra. No parece un argumento muy científico y epistemológico. En efecto, lo que sí evidencia, es la apatía, el egocentrismo y la ignorancia que impera en nuestra sociedad.

Es curiosa esta tesis debido a que hombres ilustres como: el inventor, Nikola Tesla, el pintor, Vincent Van Gohh, el matemático, criptógrafo, Alan Turing (Código Enigma), el músico, Franz Schubert y hasta Jesucristo, murieron pobres. ¿Se atrevería alguien con un mínimo de sindéresis a decir que les faltó inteligencia o trabajo?

Son muchos las variables que pueden entrar en juego para que alguien consiga dinero o no. Lo primero es que le interese tenerlo. Hay personas por supuesto, que no son avaras y su éxito no lo miden de esa forma. También entran en juego axiomas de orden: económico, político, social, cultural, ético y moral.

El libro “El contrato social”,  del polímata suizo Jean-Jacques Rousseau, describe con amplios argumentos lo que es y significa la desigualdad social. De hecho el Estado, es una creación de los poderosos en el que se firma un pacto social entre desiguales. Por tanto aduce, es ilegítimo.

Los desvalidos aceptan ese pacto por obligación o sometimiento. En ese marco se crean leyes que por supuesto no representan en absoluto los intereses de las mayorías. Algunas leyes incluso  muchas veces se convierten en embelecos. No siempre, lo legal es justo. Por ejemplo la esclavitud era legal.  Además nuestra presunta democracia es más formal que real.

Para que un contrato social sea justo, debería partir de iguales. Es como si un partido de fútbol iniciara con un equipo ganando 5-0 y el otro conjunto aceptara esas condiciones sin ningún reparo. Para Rousseau, es claro que esta es la mayor causa de violencia. El rico al sentirse poderoso, no respeta la ley y el pobre por envidia se rebela y hace caso omiso al sentirse excluido. La realidad colombiana ¿no les parece?

La falacia que hacen viral los poderosos utiliza la frase: “el que protesta, es porque quiere todo regalado”. Una proposición pendeja y más absurda que la del “castrochavismo”. Pasa de ignorante a pelmazo el que se come todavía ese insulso cuento.

Cada ser humano desde que nace, hace parte de un “contrato social” (le guste o no). A partir del primer estrato los colombianos tributan. Los dineros que recauda el Estado, son distribuidos en rubros para diferentes fines. El problema más grande de Colombia, es que esos dineros se los vienen robando desde hace muchos lustros ¿quiénes?, nuestra clase dirigente.

Es por eso que aquí en Colombia, la situación va más allá de una lucha de clases como lo argumenta Marx, en la Acumulación Originaria (primer volumen de El capital). El autor alemán habla que los ricos explotan a los pobres, no les pagan lo que debe ser por su fuerza de trabajo y ese sobrante de producción, es la plusvalía con la que estos acumulan riqueza. Ojalá fuera tan sencillo en Colombia. Aquí la cosa es mucho más compleja.

Quienes han leído y estudiado al filósofo prusiano de la Ilustración, Immanuel Kant, saben cuando me refiero al “Imperativo Categórico”, ilustrado en el Fundamento de la metafísica de las costumbres. La filosofía kantiana, nos dice que la ética debe ser un mandamiento autónomo y universal. Un ejemplo sencillo sería, si soy mentiroso ¿me gustaría vivir en un mundo donde todos sean mentirosos?

¿Qué pasaría si la mentira se convirtiera en ley universal? Argumenta Kant, que sería en vano fingir que se está diciendo la verdad. En resumen nadie creería en nadie y sería parasitaria la comunicación. En por eso que nuestros dirigentes corruptos, necesitan que les creamos que nos hablan con la verdad. Nos engañan a través del acto comunicativo y el pueblo por ignorancia supina, les cree.

Para sus fines aplican máximas fascistas como las ingeniadas por el ministro de Propaganda Nazi, Joseph Goebbels: “una mentira que se repite mil veces se convierte en una verdad”. Nos idiotizan con cuentos pendejos como: “nos volveremos como Venezuela” “vamos para el “Castro- chavismo”,  “Petro, basta ya”,  “Dios y Patria”  “Yo no marcho, yo produzco” y muchos más.

Tenemos muchos políticos con ausencia de ética (aspecto singular) que se unen a un sistema corrompido, convirtiéndose en un grupo homogéneo inmoral (aspecto plural). La suma de éticas enfermas crea una endeble moral colectiva y los que no comparten el juego del sistema quedan por fuera de él. La ausencia de ese “Imperativo Categórico”, en la clase dirigente colombiana, hace que nuestro barco se hunda a día a día en un océano de mierda llamado CORRUPCIÓN. No es un problema de ideología política, ni de religión, es de ética y moral.

Lo bueno, en medio de todo este mar de quina, es que el pueblo está despertando. La masiva voz de protesta que crece como una bola de nieve los tiene bastante asustados. Están entrando  en desespero y eso les hace seguir cometiendo más errores. Ostentan todavía el poder, pero su gobierno está deslegitimado de principio a fin.

Antes queridos amigos de prestarnos para publicar y viralizar memes como el mencionado en el primer párrafo, los invito a que respondan las siguientes  preguntas:

¿Admira usted el emprendimiento de los integrantes de los grandes carteles de la droga?

¿Quisiera usted imitar el proceder de políticos ladrones que han saqueado el erario y los recursos públicos de los colombianos menos favorecidos?

¿Usted cree por ejemplo  que los Nule, David Murcia o el Ñeñe Hernández, se hicieron ricos por ser muy inteligentes?

¿Avala usted lo que pasó con Odebrecht o Reficar?

¿Está usted feliz con la labor  que hacen la mayoría de los senadores y representantes a la Cámara, por la que  reciben sueldos millonarios, camionetas, celulares, unidades de trabajo legislativo y todo pago con el dinero de sus impuestos? Por citar un ejemplo: ¿cree usted que senadores del CD como Macías o la Cabal trabajaron mucho para estar ahí?

¿Creen ustedes que el dinero de muchos políticos con nexos con el narcotráfico se puede calificar como emprendimiento?

¿Admira usted a aquellos que se roban el Programa de Alimentación Escolar, el dinero para infraestructura, los recursos para la salud de departamentos como: Chocó, Guajira o Putumayo?

¿Está de acuerdo con que empresas promotoras de salud (EPS)  recauden el dinero de sus aportes, para que  luego le nieguen una cita o un medicamento? ¿Le da igual que la gente se muera de cáncer en Colombia esperando un tratamiento?

¿Aplaude usted que en Colombia, millones de jóvenes estén desempleados y sin oportunidades laborales?  ¿Qué opina que  los amigos de la clase dirigente tengan hasta tres y cuatro contratos millonarios? ¿Es un envidioso por sentir impotencia de ver estas injusticias?

¿Usted es de los que piensa que los más de seis mil falsos positivos fueron jóvenes que: “no estaban recogiendo café”?

Si todos los interrogantes anteriores los desaprueba, entonces encontró  el porqué del estallido social. Si los aprueba, usted es culpable por acción o por omisión (cada quién con su consciencia) y parte del problema de esta país.

En Colombia desde hace varias décadas, una empresa criminal se apoderó de los dineros públicos del Estado. Es una mafia, que sobrepasó los límites de los que hablaba el expresidente, Turbay Ayala, quien por lo menos invitaba a llevar la corrupción a las justas proporciones. Es una caterva de hampones de cuello blanco, que nos quiere seguir vendiendo el cuento de que quien reclama, quiere todo regalado, o quiere implantar la semilla del comunismo en el país.

Si a usted no le da escozor salir a la calle y ver decenas de limosneros, de limpiavidrios en los semáforos, cantantes ambulantes, maromeros, habitantes de la calle, prostitutas y animales abandonados rebuscándose la comida. Si prende su televisor y la ráfaga de noticias de: asesinatos, desempleo, injusticias,  corrupción, no le borra su sonrisa. Usted no es un ser resiliente, se convirtió en un ser indolente y egoísta.

Si usted es de los que puede comer, brindar y ser feliz, viendo la cara de otros aguantando hambre o sufriendo, lo felicito. Lo que pasa es que todavía hay muchas personas (por fortuna) que este tipo de cosas nos parecen indignantes. Mientras haya aire en los pulmones y la forma de escribir, de hablar, marchar o reclamar, seguiremos aguándole la fiesta a la “gente de bien”.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Comunicador Social

Esp. en Educación Cultura y Política y Docencia Universitaria

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