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Catar
Imagen: revista Semana.

Que la pelota no se manche, llegó el Mundial

Arranca un Mundial atípico en todo sentido.  La cita deportiva se dará en un país poco futbolero, en un mes diferente y  sin la presencia de la Selección Colombia después de dos participaciones continuas. Eso sin olvidar los escándalos de corrupción que rodean a la elección de la sede vigente.

Lo de Catar es revoltoso por donde se le mire. Para iniciar es un país con una monarquía absoluta en donde la mujer está relegada y no se le respetan los Derechos Humanos. De ñapa, la Fifa en cabeza de ‘Sepp’ Blatter está involucrada hasta los tuétanos en sobornos multimillonarios con el fin de otorgarle a este pequeño Estado árabe, la organización del mundial.

Dos escandalosos audiovisuales sobre el particular, se pueden apreciar desde dos plataformas streaming. A través de Netflix podrán ver: Los entresijos de la FIFA  y por HBO Max: Los hombres que vendieron la copa mundial. En ambos documentales se evidencia la cloaca que existe detrás del negocio del fútbol.

No porque salió a flote el escándalo hasta hace apenas un poco más de un lustro, significa que no se intuía lo que era un secreto a gritos. Cualquier persona con un mínimo de sindéresis, sabe que el fútbol es un espectáculo de masas y con millonarias inversiones. Si las manos sucias llegan al juego amateur, imagínese lo que puede suceder en el máximo nivel.

En Colombia por ejemplo tenemos nuestros Blatter criollos y decenas de cosas oscuras que son motivo de vergüenza. El periodista que se desligue de sus simpatías, acepta que muchos de los títulos de algunos equipos de la liga local, fueron conquistados con dineros manchados de narcotráfico. Ni qué decir de los escándalos de corrupción de la Federación Colombiana de Fútbol. Aquí, ni el arbitraje se salva.

Soy de los que pienso que hay gente más buena que mala y el fútbol no es la excepción.  Lo que sucede es que lo malo vende y es más noticia un dirigente corrupto, que uno que jamás se haya robado un peso. El primero estará en todos los titulares de la prensa, el segundo tiene que estar con la lápida pegada al cuerpo, para que reciba una placa de reconocimiento. Es triste, pero así funcionan las cosas.

Lo cierto es que el próximo 20 de noviembre y después de más de cuatro años de espera vuelve la alegría de un mundial de fútbol. Para los que amamos este hermoso deporte,  la ausencia de la Tricolor no impedirá que se sienta hervir la sangre de alegría, a la espera de ver a los mejores del mundo en su máximo nivel.

Por mi parte le haré fuerza a Argentina en primera medida y luego a Brasil, Uruguay,  Ecuador y México. Quisiera, que una selección suramericana ganara esta edición.  No escondo lo bonito que sería ver Lionel Messi conseguir el único trofeo que le hace falta y lo que le permitiría sumar el título más importante con la albiceleste. Obviamente, el rosarino  es uno de los más grandes de la historia con o sin Mundial.

Es probable que Catar sea el último mundial de Messi y del portugués Cristiano Ronaldo. Los dos han sido, de lejos, los  más grandes exponentes de este deporte desde hace más de una década. Ese pequeño detalle hará de este campeonato algo nostálgico.

El mundial no solucionará  la guerra entre Rusia y Ucrania. Tampoco acabará con el machismo, ni con el fanatismo religioso y menos con el hambre. Sin embargo, traigo a colación una frase que ha sido atribuida a exfutbolistas como el argentino Jorge Valdano y el italiano Arrigo Sacchi. Incluso hasta al papa Juan Pablo II.

“De las cosas menos importantes, la más importante es el futbol”. Así que a respirar fútbol en los próximos días  ¡Bienvenido Catar 2022!

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Editor General.

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