Imagínense un jefe que le da un dinero a su empleado-administrador (al que le paga) para que contrate a un maestro de obra y remodele su fábrica. Resulta, que el subalterno se roba la plata con el maestro de obra y no hacen nada.
Avanzan los años y pasan nuevos administradores que ven la penosa situación, y a paso de tortuga hacen su trabajo. Al fin llega el que termina la obra que debió culminarse con muchos años de antelación. En este símil, el jefe son los ibaguereños, los administradores los alcaldes y el maestro de obra los contratistas.
¿Es sensato aplaudir la desidia, la parsimonia, la corrupción con la que se llevó a cabo por tantos años las obras de las piscinas de la 42 con Quinta?
Esto parece un Síndrome de Estocolmo en donde el secuestrado, al que le robaron su tiempo, sus ilusiones y su dinero; termina agradeciéndole a sus verdugos porque por fin lo liberaron.
No hay nada plausible, no nos vendamos tan barato como ciudadanos. La actual alcaldesa simplemente hizo su trabajo. El tema de los sobrecostos es capítulo aparte y merece que sean las autoridades correspondientes las que determinen las responsabilidades.
¡Por Dios! Era lo mínimo. Por fin, se les devuelve a los deportistas, lo que les cercenaron por tanto tiempo. No es nada personal en contra de la alcaldesa. Es una protesta por las formas que tienen lo políticos de sacar dividendos electorales hasta de las desgracias.
Los que trabajan para la Alcaldía se ofenderán. Los medios de comunicación que reciben jugosos beneficios lo verán molesto. Seguramente, algunos deportistas que fueron involucrados en “el show” dirán que es negativismo. Sé que la mayoría de la ciudadanía entenderá el porqué de mi punto de vista.
Un gobernante sensato lo único que diría sin canutillos y lentejuelas, es: ¡Perdón Ibagué por tanto cinismo e ignominias!
Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy
Editor General.
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