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La redención del salchichón

Yo sabía, lo tenía claro, sabía que tarde o temprano el salchichón tendría voz propia; sí, lo sabía, pero, lo que no sabía era que la voz del salchichón no fuera precisamente de la gente que come salchichón.

Así, para nadie es un secreto que el salchichón con gaseosa, con pan o con arepa, ha sido durante muchos años el alimento multivitamínico de una gran parte de la población colombiana; sin dejar de lado que, incluso, ha sido un verdadero manjar para quienes no tienen la posibilidad de comprar una tajadita que, imagino, ahora estará en mil pesos o más y eso, aunque muchos no lo crean, es dinero, bastante dinero cuando uno no tiene un peso en el bolsillo.

Pues bien, Colombia sigue siendo un país hermoso, pero, de una ignorancia impresionante. Y es ahí en donde los vivos de siempre se aprovechan, utilizando a unos y otros para crear caos o eso que ahora están llamando como oposición.

El tema de los impuestos sobre los embutidos y la polémica que se formó a través de la misma, muestra una clara ignorancia en la gente que repite y repite como loros a un grupo selecto que se encarga de crear absurdas controversias.

Y es que, si bien es cierto el salchichón, no importa de donde lo saquen ni de las bacterias que contenga, es algo que los colombianos han incluido en su alimentación y su supervivencia desde hace mucho rato, también es cierto que, por un lado, es bien dañino el embutido y por el otro, todavía no hay impuesto sobre el mismo.

Sin embargo, la gente y no precisamente los pobres, ya están hablando de salir a marchar en contra de una propuesta que hasta ahora está en estudio. Entonces, no falta el Asprilla que, a lo Marbelle, sale en videos para aportar más a la desinformación.

No falta la Cabal o la Valencia gritando sus arengas contra la propuesta porque saben que un impuesto así les afecta el bolsillo a los suyos y a sus intereses personales y porque la tienen clara, que generar este tipo de controversias les ayuda a seguir levantando sus cortinas de humo.

Lo más absurdo de todo esto es que los colombianos que apoyan marchas como las que están proponiendo, cuando antes se oponían a las mismas, no les importa realmente con qué se alimenta la gente; no les interesa si hay personas comiendo animales que no se deberían comer y que van directamente en los embutidos.

Dicho en otras palabras, no les interesa en lo más mínimo la salud alimenticia de nadie; solo quieren seguir con su circo porque es lo único que les garantiza seguir como bacterias dentro de un embutido.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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