Deportes Tolima
Imagen: Futbolred.

Más allá del “Mineirazo” ¿qué le queda faltando al Tolima para ser grande?

Después de la épica hazaña del miércoles en la noche en la que Deportes Tolima venció 2-1 al encopetado rival Atlético Mineiro, todo el país futbolero se pregunta ¿por qué este equipo no tiene una gran afición? De hecho, varios analistas empiezan a deducir que este sería el Talón de Aquiles que no permite que pese al espectacular presente del Vinotinto y Oro, este sea considerarlo uno de los grandes del fútbol colombiano.

Ante todo se debe reconocer que en lo que concierne al terreno de juego, es nulo lo que se le puede criticar al equipo. Todo lo contrario, los dirigidos por Hernán Torres, merecen una ovación (sin endiosarlos) porque han mostrado trabajo, compromiso, esfuerzo y disciplina. Las falencias se encuentran alrededor del Deportes Tolima y de exponerlas trata esta columna.

Hay dos maneras de abordar un problema: la primera es de manera superficial, y apenas de forma: “la culpa es de la mala hinchada, que no merece el equipo que tiene”. La otra es más epistemológica, más compleja, más de fondo y tiene que ver con varios aspectos que iremos desglosando uno a uno.

La dirigencia deportiva. Así es. Un equipo de fútbol grande no sólo se preocupa por contratar buenos jugadores. También cuenta con un gran departamento de mercadeo que está haciendo constantes eventos para enamorar a su hinchada que al final se convierten en sus clientes. Deportes Tolima carece de esto. Falta sacar a los jugadores de la sede de San Gabriel, llevarlos a los centros comerciales, a los colegios, invitar a los jugadores de los clubes de fútbol aficionado para que conozcan a los profesionales, firmar camisetas en sitios públicos, etc. Si no creen en lo que se expone,  revisen el trabajo que hacen los clubes históricos de Colombia y del mundo.

La seguridad en el Estadio. El imaginario colectivo quiere ver un  estadio lleno como en la final entre Tolima vs Cali en el semestre B de 2021. No obstante, los que estuvimos en ese partido sabemos las situaciones de terror que hubo en el mismo. Fueron decenas los desadaptados que escalaron en un sector de una de las tribunas e ingresaron con armas blancas (cuchillos y hasta machetas). Fue poco lo que pudo hacer la Policía (se hizo la de la vista gorda) al ver el número significativo de energúmenos en comparación con el pie de fuerza. Ni qué decir de las puertas de acceso, fueron varias las que no estuvieron habilitadas. En resumen, no se tiene la logística con la que sí cuentan otras ciudades como Bogotá o Medellín para ello. Los vándalos disfrazados de hinchas han alejado a las familias del fútbol.

Ausencia de una prensa deportiva crítica: Los grandes equipos cuentan con prensa deportiva que no busca el aplauso, ni de las directivas del club, como tampoco de la hinchada. Aquí con algunas excepciones, existen hinchas con micrófono o con página, que son incapaces de ir a criticar a la dirigencia del equipo o a los jugadores por temor a un veto. Es un secreto a gritos que el Club ha maltratado a la prensa decenas de veces (no le permite entrar a su sede, no informa a tiempo, hace ruedas de prensa selectivas, etc.) pero todo está permitido. Como el equipo en lo deportivo responde, menos se les puede recordar este tipo de desaires. Esta es la época de tomarse la foto con los jugadores, de hacer homenajes, sin embargo, en épocas de crisis el periodismo no aparece, tampoco orienta, apenas informa.

Este “bufandismo” atenta contra los códigos deontológicos de la profesión. El periodismo debería abordar el problema de la ausencia de público en el Estadio como configuradores de la conciencia colectiva y no como un aficionado más enojado haciendo pataleta porque la gente no va (recuerden que no es obligación). Lamentablemente, son los primeros en tratar a los que no van al Estadio como: “hinchas de radio” o “hinchas de finales”, eso es grotesco en un “profesional”.

Falta trabajo con semilleros hijos del Tolima: La mayoría de jugadores nacidos en esta tierra no pasaron por el club Deportes Tolima. Por ejemplo: James Rodríguez, Daniel Bocanegra, Dayro Moreno y varios más no jugaron con el Vinotinto y Oro. Los que están no son de acá, sabemos de su profesionalismo pero ni el Bunde Tolimense se saben y es una verdad de Perogrullo. Ojalá algún día se pudiera ver a un Deportes Tolima con “Pijaos” de verdad en su nómina por lo menos en un 50 por ciento. Ese día la felicidad sería completa y masiva.

Trabajo articulado entre la dirigencia deportiva y los políticos del Tolima: Es muy importante y quizás uno de los puntos más relevantes. Es ahí donde pueden nacer grandes eventos organizados entre el Deportes Tolima, Indeportes  y el IMDRI. Es fundamental, que concejales y diputados empiecen a ingeniar proyectos de acuerdo y de ordenanza para exigirle al Club el integrar futbolistas de la región u apoyar mancomunadamente los procesos de las Escuelas de Fútbol a cambio de sostener los beneficios tributarios.  También, en organizar acompañamientos masivos al equipo a través de beneficios como por ejemplo boletería con descuentos del 30 por ciento (todo el año)  al pago oportuno en: Predial, Impuestos de vehículos, etc. (son solamente ideas pueden haber muchos más).

Ser un club exitoso no significa filantropía. Al que solo le gusta ver correr un balón, le parecerá suficiente que su equipo gane y ya. No obstante, los que van más allá piensan en qué le queda a una región más allá del palmarés de un Club. Para los que no saben el señor Nemesio Camacho fue un abogado y político colombiano (Ministro, Senador y Gerente del Banco Central). Su hijo Luis Camacho, obsequió a los bogotanos el terreno denominado El Campín que hoy lleva el nombre de su progenitor. El máximo escenario de los capitalinos no se llama Hernán Torres (campeón con los Embajadores en 2012), tiene el nombre de un filántropo que le regaló no a los hinchas de Millonarios sino a los bogotanos su Coloso. Nacional tiene 16 estrellas y ningún dirigente, ni técnico, ni jugador ha derrumbado el nombre de un prócer como Atanasio Girardot.

Seguramente, los ibaguereños deberían apoyar más al equipo que hoy por hoy es el más importante de Colombia. Es hora, que los dirigentes, periodistas, concejales, diputados aborden esta problemática desde lo estructural y no atacando a sus paisanos.

Me contó un amigo: “hermano fui al Estadio y me dijo un desadaptado, ‘deje de criticar al equipo que usted ni viene por acá o lo voy es sacando a chumbimba’; así quién vuelve, dígame”. Entiendo su posición.

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