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Cachetada
Imagen: Blu Radio.

No sabemos manejar la ira

¿Qué nos ocurre a nivel social, familiar, personal?

Dos vehículos se estrellan y hay madrazos, golpes, machete y hasta bala.

Cientos, miles de colombianos desatan hoy su rabia, ira y frustración en las redes sociales, según estimativos de estudios académicos realizados por sicólogos y siquiatras. Miremos los contenidos y comentarios que se producen en medio de la campaña presidencial en todas las redes. Sin hablar de temas siempre subjetivos y polémicos como las creencias religiosas, el aborto, o la inclusión, el respeto a la diversidad sexual.

Acabamos de asistir al grotesco espectáculo de un actor, considerado hasta entonces como afable y buena onda que no solo con la cachetada que le propinó a un presentador en los Oscar, sino con sus comentarios posteriores al aire, arruinó su prestigio y echó por tierra varios proyectos de películas en curso, que le pasarán factura a sus finanzas; a largo plazo, también, a su carrera.

En Colombia hemos tenido varios episodios de dirigentes y autoridades que no saben controlar sus emociones y terminan saliéndose de casillas, originando sanciones de los organismos de control y finalmente, la condena social, el repudio, la censura hacia sus acciones.

Ejerciendo como Vicepresidente de la República, Germán Vargas Lleras se desquitó contra uno de sus escoltas que lo pisó por accidente. Luego se disculpó con este, pero era evidente que realizó el mea culpa por la presión de los comentarios en su contra y la ola de indignación que desató en la opinión nacional.

El jefe de Cambio Radical también perdió la compostura e insultó a un dirigente de Arauca que le preguntaba sobre obras e inversión social para su región y el porqué se llevaron los recursos de las regalías. «Soy araucano y merezco respeto«, dice el ciudadano a quien Vargas Lleras acusó de hacerle el mandado a Álvaro Uribe:

El ingeniero Rodolfo Hernández, hoy candidato presidencial, golpeó e insultó a un concejal que lo cuestionaba cuando este ejercía como alcalde de Bucaramanga. “Miente, hijueputa, no es así”, se escucha decir a Hernández, en una evidente salida de casillas que le ocasionó en su momento indagaciones por parte de la Procuraduría al dirigente santandereano:

Y así, cientos, miles de cuadros familiares, laborales, sociales, podrían citarse para explicar el aumento de los casos de violencia intrafamiliar, homicidios, lesiones personales, violencia de género, intolerancia, racismo hacia las minorías, estrés, depresiones, padecimientos mentales.

La página especializaba en temas de Sicología, Mentes Abiertas, señala que “la ira es una respuesta primaria del organismo al verse éste bloqueado ante la consecución de una meta o satisfacción de una necesidad. Esta reacción emocional suele estar asociadas a situaciones en los que la persona percibe una ofensa o agresión y que genera un sentimiento de indignación o rabia. Estos sentimientos serán más intensos cuanto más injustificados, gratuitos o indignantes se consideren los daños”.

La misma publicación enlista posibles pautas para tratarla:

– Mejorar el conocimiento sobre las emociones en general y las particularidades de la ira, así como sus posibilidades de regulación.

– Hacer consciente a la persona de las manifestaciones internas y externas de la ira en su caso particular, para aprender a reconocerlas de forma anticipada y así reducir la probabilidad de emitir conductas agresivas.

– Mejora de la comunicación emocional, como vehículo para la expresión de la ira, y canalización la energía que moviliza, así como aumentar las estrategias en el manejo de conflictos.

– Aumento de las estrategias de regulación emocional con especial fortalecimiento de los procesos atencionales y la consciencia del cuerpo.

¿Cuál sería la cura? ¿La valeriana que le funciona a Álvaro Uribe, el yoga, la meditación, la oración, aislarse del mundo, buscar ayuda profesional? Nadie lo sabe. El ser humano es subjetivo y único: lo que haga un expresidente de Colombia podría no funcionarle ni estar a la mano de un indígena de la etnia Sáliba, en un resguardo de La Primavera, Vichada.

A mí me han funcionado algunas de las anteriores y otras más: la terapia sicológica a lo largo de los años para entender, reconocer y sanar muchos traumas de la infancia que arrastramos a lo largo de los años y que nuestro cerebro almacena, en algunas ocasiones de una manera inconsciente.

Podría enlistar el descubrimiento de la jardinería al inicio de la pandemia como alternativa al ruido y el pesimismo de algunas personas, redes y medios de comunicación. Hoy lo he llevado más allá: hacia la organización de una huerta casera que provee algunos alimentos sanos y sin químicos, con los que aumentamos los beneficios en salud a fin de prevenir enfermedades y patologías.

Busca en tu interior, revalúa propósitos y acciones, no pierdas el sentido autocrítico. Nadie está loco si busca a un sicólogo para que al menos escuche sus cuitas cotidianas o problemas del pasado. Haz el bien y escoge la vida siempre.

Por: Alexander Correa Carvajal.
Contador Público
Editor, autor.

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