Petro
Imagen: Revista Semana.

Política y religión, un cóctel que por sus ingredientes puede hacer mucho daño

Ahora que se avecina la primera vuelta presidencial (29 de mayo), como es ya costumbre, empiezan a aparecer los oportunistas politiqueros, que suelen utilizar la religión para infundir miedos en el electorado. No falta, el que todavía vive en el Medioevo y permite que lo lleven cual veleta, con nefastos vientos que lo conducen directamente al abismo de la ignorancia supina.

Es importante ante todo recordar, que cuando Jesucristo, estuvo acá en la Tierra para sorpresa de muchos, reprobó al Clero de la época (fariseos, saduceos y escribas) porque estos tergiversaron, las enseñanzas originales y se habían aliado con el poder político de la época (Imperio Romano) en un contubernio que desembocó en dogmas mentirosos con fines particulares. Todo con el fin de someter al pueblo a través del miedo (cualquier parecido con esta coyuntura no es ninguna coincidencia). 

Soy consciente que existen miles de buenas personas, que asisten con honestidad y fe a sus iglesias y que son proclives a lo que les enseñe su líder espiritual. El problema radica en que la mayoría de feligreses creen a ciegas (igual que en los tiempos de Jesús) y poco investigan para contrastar lo que les predican con la historia o con la misma Biblia. Interrogantes como: ¿Quién fue Jesucristo? ¿Qué defendió?  ¿Cómo era su manera de pensar? siguen siendo un profundo misterio para muchos. Aducen ser cristianos, pero están llenos de sectarismos en sus corazones, muy lejos del amor que siempre manifestó su gran líder.

Jesucristo, cuando buscaban lapidar a María Magdalena por adulterio, invitó al que estuviera libre de pecado a que lanzara la primera piedra (nadie fue capaz de hacerlo Juan 8: 1-11) ¿Imita a Jesús la que se autodenomina gente de bien? Es curioso que en esta época se le dé tan duro al inconverso, al que no comparte las prácticas hipócritas de algunas iglesias y todavía se aplauda al fariseo del siglo XXI. Importante leer lo que Jesús piensa al respecto: En verdad os digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que vosotros fariseos” (Mateo 21:31) ¿Cómo les parece? 

Mis queridos lectores, una vez más les cuento que Jesús de Nazaret, fue un revolucionario que enfrentó (de manera pacífica pero, vehemente) el sistema excluyente y tiránico de su época. Fue el líder de una protesta activa y una resistencia, no violenta, la cual fue acompañada por humildes hombres de su entorno (algunos se convirtieron en apóstoles). El Cristo (ungido) sabía que el Dios de los Judíos no era que tuviera preferencias por los pobres u odiara a los ricos, pero sí amaba la justicia y de eso había muy poco en Israel.

Por tanto les digo a los epicúreos modernos, a mis amigos del hedonismo y del placer, a los que llegaron al mundo a disfrutar de los deleites de la vida, sin importarle un carajo su semejante; que nada tiene que ver su ideología con el pensamiento de Jesús. Es por eso que millones de personas día a día se alejan de las religiones, porque  muchos de quienes asisten a ellas, sólo reflejan lo más antagónico del humanismo y día a día su culto al “yo” solo les permite hacer un Dios a la medida de sus ambiciones, de su exclusión y de su sectarismo. Algo que está a años luz de lo inculcado por el mesías.

Hemos llegado a un límite tan impensable de doble moral, en donde la mayoría prefiere al político ladrón y genocida creyente, que al ateo samaritano. La Biblia, la hemos acomodado e interpretado de acuerdo a nuestros propios intereses. Decimos seguir a Jesús, pero en lugar de amar y perdonar a nuestros enemigos, juzgamos y hasta instamos con todo el ahínco a exterminar al que piensa diferente. No tenemos problema en tomarnos el lugar de deidad para asegurar quiénes arderán en el infierno.

Jesús dijo en su momento: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Lucas 20:21-25). No obstante, miles de oportunistas con fines económicos o politiqueros siguen involucrando al Todopoderoso y utilizando la religión para ganar adeptos de una forma nauseabunda. La religión da réditos y eso es indiscutible y por eso se convierte en el instrumento perfecto para la manipulación de masas.

“Die religion sie ist das opium des volkes” en su traducción al español: «la religión es el opio del pueblo” es una famosa frase atribuida al filósofo alemán, Karl Marx. Su profundo razonamiento está enfocado en las estrategias utilizadas por la clase dominante para embelesar a los oprimidos por medio de la fe. Así lo argumenta el socialista, en su reconocido libro: “Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel (1843-1844)”

Mi posición como hombre creyente es que el señor Marx, al cual he leído, al que le valoro algunos aspectos de su obra (no comulgo con un alto porcentaje de ella) sí tiene mucha certeza en su razonamiento. La misma sensatez del científico  Isaac Newton, que al estudiar la Biblia toda su vida, se alejó del clero de su época y manifestó que creía en el Dios que hizo los Cielos y la Tierra pero no en el que han hecho los hombres.

Por tal motivo, debo decir que no es bueno revolver política con religión y es mejor mirar las propuestas a la hora de votar, que detenerse en aspectos que no se pueden analizar de manera superficial y menos con emotividad. No soy nadie para saber si mi candidato cuenta con la aprobación de Dios, menos si va a salvar al país de su difícil situación. Eso sí, lo único de lo cual estoy plenamente  seguro es que el diablo se disfraza de ángel de luz y lleva mucho tiempo haciendo lo que le da la gana con Colombia.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy.

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