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Oscar
Oscar y su amigo. Imagen: archivo particular.

Recolectores de café: guerreros del camino

Viajan guerreando para cosechar el grano que alegra a todos los hogares colombianos.

Pasaron por Guaduas, Cundinamarca, de camino a la cordillera de Caldas donde la cereza que despunta en la mata compite con el verde del paisaje para así destacar y disputarse la primacía de ser recogida para que empiece el amoroso proceso que implica llevar una taza de café a las mentes y corazones de raizales y extranjeros.

Van echando dedo, subiéndose en las tractomulas. Y en el pueblo los encontré pidiendo una caridad, un pan para paliar el hambre o unas monedas para continuar su travesía.

Lo fregado es subirse a las mulas cuando va más gente o hinchas. Una vez nos íbamos a subir, en Santuario, Antioquia, nos dieron la mano, dejaron que pasáramos el resalto. Luego me dijeron ‘ese reloj está bonito, regálemelo’. Yo le dije que me lo había dado mi mamá. El man dijo ‘regálemelo para que no le pase nada’ y sacó un cuchillo. Nos tocó tirarnos de la mula porque nos iban era a matar. Ahora si vamos nosotros arriba y ellos se van a subir nos toca es bajarlos a pata, son chirretes, peganteros, un peligro”, dice uno de ellos.

Oscar, que dejó su profesión por problemas familiares y se dedicó a recolectar café. “Uno puede ir de pueblo en pueblo. La ventaja del café es que se llega un sábado o un domingo, llegan todos los patrones y dicen ‘mijo, tengo para coger tanto’. Miran caras y los que estén mejor vestidos se los llevan. Pagan ochocientos pesos por kilo. La comida toca pagarla, por ahí 20 mil pesos diarios, ahí también está el negocio de ellos, lo amarran a uno”.

Ellos tienen en varias zonas al ‘alimentador’, que llaman. Al dueño de la finca lo que le importa es que usted coma, ahí está la plata de él, más lo que venden extra como el cigarrillo, el mecato y otras cosas. Le pagan a uno como pobre y le cobran como rico. Lo enganchan a uno”, afirma.

Existen recolectores que cogen hasta 28 kilos en una jornada, pero caminando en lomas empinadas, y en matas de café que son altas (por la variedad que se siembra) lo que dificulta la actividad.

También está el trabajador que labora beneficiando, fumigando, o limpiando con machete con mejores condiciones, comida y dormida incluidas.

A propósito de la enésima presentación de la telenovela Café, estos trabajadores dicen que es un mito eso de la mujer recolectora del grano. “Una que otra se ve o por ahí con el marido; o son de la región, de las fincas cercanas. No guerrean como uno”, señalan.

El trabajo de la finca no es que te acosen, pero le toca a un ritmo de seis de la mañana a cinco de la tarde. Pero recogiendo café uno se sienta un ratico, normal”, dice Oscar.

Oscar y su amigo comieron pan y Pony Malta en Guaduas, descansaron un rato y partieron a la carretera nacional para subirse en la siguiente mula que los acerque a Chinchiná, Caldas, su próximo destino. Buena suerte, muchachos.

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