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Imágenes: suministradas.

Reflexionando sobre el concierto de Bad Bunny

Aclaro que no disfruto del reguetón y creo que a mi edad dudo que lo llegue a apreciar. Mi posición poco tiene que ver con los argumentos que algunos dan: denigra a la mujer, es pornografía auditiva, etc. Si se hiciera un estudio imparcial  creo que muchos vallenatos, salsas y otros géneros estarían también en problemas por sus controvertidas letras.

Ay, yo sé bien que te he sido infiel, pero en el hombre casi no se nota pero es triste que lo haga una mujer porque pierde valor y muchas cosas” ¿acaso no es una letra compuesta por un troglodita y machista al extremo? No apruebo su contenido en absoluto, sin embargo: ¿qué amante del vallenato no ha disfrutado de estos temas con los amigos, acompañándolo con un buen licor? La verdad sea dicha, mi gusto por esta música obedece a que llevamos en la sangre este tipo de ritmos: vallenato, salsa, cumbia, entre otros. Es de abolengo.

El problema con el reguetón es que mis oídos no lo aprecian, no me gusta el ritmo y tampoco las voces (con un mínimo de excepciones). No obstante, el hecho que no me agrade, no indica que no tolere a quien lo escucha. Ese es uno de los problemas grandes de este país y yace en la poca tolerancia a las diferencias. Definir a una persona por sus gustos musicales, es hilar muy delgado y con argumentos muy superficiales. Es como decir que todo el que ama a los animales es una bella persona,  a sabiendas que Hitler fue uno de ellos. Generalizar y estereotipar es muy delicado.

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Mis gustos musicales son muy variados. No obstante, desde mi época pueril fue en el rock quizás en donde más afinidad y energía encontré. Mis primeros acordes en guitarra fueron con este género y mi colección de música contenía desde Soda Stereo, Héroes del Silencio hasta Metallica, Megadeth y otras bandas más pesadas.

Lo curioso, es que eso no me impedía disfrutar de otros géneros y los sábados en la noche nada era más atractivo que bailar Ricarena con una linda adolescente. Eso me trajo el odio de los metaleros que consideraban que estaba profanando su música y que para agradarles tenía que andar en botas, vestido de negro y con las mechas largas. Por fortuna me interesó más la aprobación de las féminas que ponerle cuidado a lo trivial.

En fin, todos los seres humanos tenemos el derecho de disfrutar de lo que nos guste desde que no atente o vulnere los derechos de nuestros semejantes. Así que si el reguetonero Bad Bunny, tiene agotada la boletería para su concierto en Medellín, bien por él y sus fanáticos. Cada quien gasta su dinero en lo que le gusta y le sabe. Para quien escribe el hombre canta feo, pero conozco a varios que escriben mal, hablan mal y son famosos. Es la era del Nihilismo y qué le vamos a hacer.

Ahora que terminé de ver la serie de Netflix de Juanpis González, me recordó que la polarización del país y los odios clasistas, existen desde la concepción de la República. Se dieron entre centralistas y federalistas, luego se llamaron liberales y conservadores y ahora se insultan y se tratan de uribestias y mamertos petroñeros.

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Ambos bandos llenos de odio, han sumado cerca de diez guerras civiles en un poco más de dos siglos. Lo triste es que los ideales de los próceres que los instituyeron se han perdido casi que por completo. Queda en una orilla,  extremistas, que  están convencidos como lo estuvieron los Fariseos, que son los elegidos de Dios (gente de bien)  y que él les dio el derecho de defender las sanas costumbres. Por otro lado, están los que quieren ver el mundo arder, aman  la anarquía, tratan de estúpidos a los que creen en Dios y exigen sin dar nada. Los grises nos perdimos en esta guerra de colores extremos.

Según la misma serie protagonizada por Alejandro Riaño, este platanal (así lo califica)  debería tener una especie de Muro de Berlín que dividiera a los que quieren bailar reguetón, andar con prepagos, pasarse las normas y hacer lo que les dé la gana. En efecto, estarían lejos de los que creen que por escuchar a Piero a Mercedes Sosa o leer a Marx, son dueños de la verdad absoluta. Odios al parecer irreconciliables.

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Finalmente, si su sueño en la vida es tener dinero, ser importante, ir a los conciertos de sus artistas favoritos; mientras lo haga sin robar, y sin llevarse por delante al prójimo, es válido y no necesita aprobación alguna. Igualmente, si su anhelo es rescatar animales, servir a su semejante, buscar la equidad social, pues más admirable y altruista. Eso sí, mientras, entienda que todos no piensan como usted y que el respeto a las diferencias es el principio de la reconciliación y la sana convivencia.

Pueden estar seguros mis amigos amantes de Bad Bunny que no volveré a atacarlos por sus gustos musicales. Disfruten su concierto y cuando estén en la otra orilla no olviden tener el decoro para actuar con sensatez. A mis amigos que hacen parte de los que no disfrutamos de esta música recordemos que vivimos en Polombia y en esta tierra bendita se sufre pero también se goza.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy.

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