Roa
Imagen: El País.

“Roa”, una película que devela mucho de la política colombiana y que nos recuerda que el crimen de Gaitán sigue y seguirá impune

A propósito de los 74 años que se cumplieron del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, la coyuntura es propicia para recomendarles la película “Roa” (dejo enlace para verla) del año 2013 dirigida y escrita por Andy Baiz, el mismo director que ganó el premio a mejor película con Satanás (2007)  en el Festival de Cine de Montecarlo. El largometraje, ha tenido reseñas mixtas y seis premios Macondo, además cuenta con la actuación de Catalina Sandino (esposa de Juan Roa) quien es famosa por su nominación al Óscar por María llena eres de gracia. 

“Roa”, se centra en los últimos meses de la vida de Juan Roa Sierra, un joven de 26 años, de extracción humilde, que creció en el barrio Egipto (Bogotá), con delirios de grandeza, y que fue vapuleado hasta la muerte por la turba enfurecida, por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, alrededor del medio día del nueve de abril de 1948. A la fecha, no existe una evidencia científica y certera que concluya que este albañil, que idolatraba al “Tribuno del pueblo” haya sido quien disparó el arma y acabó con su vida.

Detrás de la muerte del caudillo liberal se han tejido cualquier cantidad de teorías conspirativas, pero a la fecha, ninguna concluyente sobre los determinadores de este crimen. En efecto, es claro para el país histórico, quiénes eran sus enemigos y por supuesto muy evidente entender que su ideología política era una seria amenaza para la clase política tradicional y también para  las multinacionales que operaban en el país. Como suele pasar en este territorio macondiano, el muerto se lo echaron a un pelmazo que presuntamente no le perdonó al “Negro Gaitán” que se haya trasladado a vivir al exclusivo barrio de Teusaquillo en Bogotá y que se olvidara de sus orígenes.

Es cierto que Juan Roa Sierra, tenía problemas de orden psiquiátrico, también es evidente que frecuentaba a un alemán que practicaba la quiromancia y leía su mano, para predecir el futuro. Se sentía por las mañanas la reencarnación del conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada y luego en la tarde llegaba a pensar que era Francisco de Paula Santander. Quizás eso le dio cierto delirio de llegar a creer  que junto a Gaitán (al que veía como un segundo Bolívar) tenían la misión de hacer una Colombia más justa.

Frecuentó algunas veces su oficina en busca de una oportunidad laboral. Según la secretaria privada de Gaitán, jamás se le dio la importancia que quería y lo único que recibió de este fue la recomendación de solicitarle al presidente de la época (Mariano Ospina Pérez) mejores condiciones para su vida (así lo hizo). Esa indiferencia, exacerbó su odio social, su resentimiento, su indiferencia y la falta de compromiso hacia sus deberes (tenía mujer e hija).

Ese caldo de cultivo, fue el que permitió, que otros aprovecharán la situación para materializar con Juan Roa, algo que al parecer se tenía absolutamente claro y era matar a Jorge Eliecer Gaitán. Detrás del psicótico, se esconde un contubernio de poder que ingenió el plan, suministró las herramientas para el mismo y se lavó las manos sin dejar huellas con la desaparición del autor material.

Esto no fue nada nuevo ni en su época, ni antes, ni ahora. El detonante de la Primera Guerra Mundial fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando (Imperio Austrohúngaro) a manos de un joven de 19 años llamado Gavrilo Princip. Dicen algunos todavía que actuó por iniciativa propia: ¿habrá alguien que lo cree? 

Los lectores que dediquen el tiempo ahora en Semana Santa para ver la película, se impresionarán del parecido de los diálogos de los políticos de esa época con los de ahora. El mismo cuento con protagonistas diferentes: la amenaza comunista, el odio de los políticos tradicionales por quienes encarnan la defensa del pueblo, el periodismo despiadado con quienes no representan sus intereses, etc.

“Roa” nos devela en un poco más de hora y media  la realidad del país hace 74 años. Una Colombia con 11 millones de habitantes, con una Bogotá de medio millón, y con problemas como: la corrupción política, el abuso de las multinacionales, el abandono social, entre otros. Lo curioso de todo esto es que los problemas siguen siendo los mismos,  solo que ya somos 50 millones de bocas que buscan su espacio vital.

Después del Bogotazo, llegó la época que bautizó la historia como La Violencia, pero realmente esa palabra no ha sido ajena a nuestra realidad, ni antes, ni ahora y creo que nunca.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy.

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