Johana Aranda
Diseño: A la luz Pública.

¿Aranda se sacude de los ‘patos’ de cara a las elecciones de 2027?

Nadie tiene asegurado el guiño de la alcaldesa de Ibagué para llegar a sucederla.

En la carrera por la Alcaldía de Ibagué empieza a ocurrir algo curioso: cada vez son más los que parecen estar esperando la bendición de Johana Aranda, pero ninguno termina de despegar como el candidato indiscutible del llamado ‘arandismo’.

Cristian Ávila (exsecretario de Desarrollo Rural) fue, quizás, el primero en aparecer como el ‘ungido’. Llegó a encabezar un sondeo digital en abril y posteriormente dejó la dependencia para lanzarse de lleno a la contienda. Sin embargo, los meses pasaron y su candidatura se desinfló. Hoy mantiene su aspiración, incluso contemplando el camino de recoger firmas, mientras desde la propia Administración surgió un nuevo nombre: Marco Matheus Saavedra, quien acaba de renunciar a Infraestructura para entrar al tablero electoral.

 

Avila
Cristian Ávila. Imagen: tomada de Facebook.

 

Ávila fue criticado por usar un concierto de música popular (patrocinado con recursos de la Alcaldía) para anunciar su renuncia y en el propio escenario dejar entrever la posibilidad de aspirar cuando aún estaba en la Administración. Patética, cursi y ridícula además, fue la exhibición que protagonizó en pleno desfile de San Juan este año, en un carrito donde repartía saludos y besos cual reina de belleza por las carreras Tercera y Quinta.

Algo parecido ocurre con Edilberto Pava, quien después de su paso por Infibagué (sin muchos logros a destacar) también salió a jugar políticamente. Su nombre sonó y llegó a aparecer entre los primeros en aquel sondeo de abril, pero tampoco logró convertirse en ese candidato que hiciera pensar que la sucesión estaba resuelta.

 

Edilberto Pava
Edilberto Pava junto a la alcaldesa de Ibagué. Imagen: tomada de Facebook.

 

De Pava hay que decir que no se sabe con qué estructura política cuenta, ya que en la única aventura electoral en la que ha participado, ‘mordió el polvo’ al buscar la Alcaldía de su natal Honda, a manos de Juan Guillermo Beltrán (actual diputado, coordinador regional de Cambio Radical y precandidato a la Gobernación), en los comicios de 2015. Tras la ‘muenda’ recibida en la Ciudad de los Puentes, Pava se refugió en la Casa Barreto, movimiento que lo llevó a ocupar la Contraloría del Tolima en el periodo 2016 – 2019, justamente en la segunda Gobernación de Oscar Barreto, donde pasó con más pena que gloria, y hay que decirlo claramente, fue un ‘contralor de bolsillo’ del exsenador conservador y quien aspira a regresar por tercera ocasión al Palacio del Mango.

Luego, cual avezado trapecista Edilberto Pava aterrizó en la Alcaldía de Andrés Hurtado (2020 – 2023), donde llegó a ocupar por poco tiempo la Secretaría de Desarrollo Rural de Ibagué. Muchos recordaron que a su paso por la Contraloría del Tolima Pava no falló un proceso donde se investigaba a Hurtado por posibles detrimentos en obras ejecutadas cuando el exalcalde ofició como secretario de Infraestructura del Tolima. ¿Un cruce de favores? o ¿fue el pago por la ineficiencia de Pava en ejecutar el control fiscal?

Y mientras Ávila, Pava y ahora Saavedra intentan demostrar que tienen con qué competir, aparecen otros nombres que hacen todavía más compleja la ecuación. José Barreto, hermano del senador Miguel Barreto y con vínculos evidentes con una de las casas políticas más fuertes del departamento, difícilmente podría entenderse por fuera de una eventual conversación entre el arandismo y el barretismo de Miguel. Y Harold Urrea, diputado y dirigente cercano al representante Carlos Edward Osorio, representa otra fuerza que tampoco parece dispuesta a entregar gratuitamente su capital político.

Matheus Saavedra
Matheus Saavedra. Imagen: tomada de Facebook.

 

Otro análisis que podría hacerse, y no parece descabellado: que al instar a Pava, Ávila y Saavedra a salir al ruedo político, lo que están haciendo Johana Aranda y Juan Arturo Gutiérrez (esposo de la mandataria y primer gestor del municipio) es sacudirse de ‘patos’, candidatos con nula estructura política y analizar muy bien a quién apoyar de cara a mantener el control sobre la Alcaldía de Ibagué, luego que finalice el periodo de la actual alcaldesa en diciembre de 2027.

Y aquí aparece la pregunta de fondo: ¿tiene hoy Johana Aranda la fuerza política suficiente para llevar sola a uno de sus pupilos al Palacio Municipal? Todo indica que no. Una cosa es administrar la ciudad, tener visibilidad, manejar una agenda pública y conservar una importante capacidad de convocatoria institucional; otra, muy diferente, es construir una mayoría electoral capaz de ganar una elección tan fragmentada como la que se está configurando.

La propia multiplicación de nombres cercanos a la Alcaldía parece demostrar que todavía no existe una figura que por sí sola genere el consenso necesario. Y en política, cuando nadie alcanza a imponerse, las alianzas dejan de ser una opción y se convierten en una necesidad.
En ese escenario también habrá que mirar con atención a Alexander Castro, el actual secretario de Cultura y Turismo del Tolima. Tiene experiencia en lo público, reconocimiento y el apoyo de la gobernadora Adriana Matiz, fundamental en lo que se afirma en la ciudad, podría constituirse una ‘chipa’ entre la alcaldesa y la mandataria del Tolima, de cara a salir triunfantes en los comicios de 2027.

Cabe preguntarse si un candidato de consenso podría convertirse en punto de encuentro entre dos pesos pesados como Carlos Edward Osorio y Miguel Barreto. Porque una cosa es tener nombre y otra muy distinta convertirse en el candidato capaz de conciliar intereses, maquinarias y egos políticos que, juntos, podrían representar una fuerza electoral de consideración.

La conclusión parece prematura, pero la tendencia empieza a ser evidente: la Alcaldía de Ibagué difícilmente se definirá con la sola bendición de Johana Aranda. Si el arandismo no consigue construir una alianza amplia, podría dejar abierto un enorme espacio para el barretismo, para una candidatura que logre recoger buena parte del voto de derecha o, incluso, para una alternativa progresista que hoy muchos consideran improbable, pero que podría crecer justamente ante la división de los sectores tradicionales. Aranda ha intentado proyectarse como una dirigente que tomó distancia del hurtadismo y que construyó su propio camino político. Pero, para poner sucesor en el Palacio Municipal, todavía falta pelo para moño. Y en política electoral, la bendición ayuda, pero los votos mandan.

Este es un editorial de A la luz Pública.

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