A ChatGPT le bastaron apenas dos meses para conquistar a cien millones de usuarios en el mundo. Nunca antes una tecnología había alcanzado semejante récord: los smartphones y el mismo Google necesitaron años para llegar a esa cifra.
Hoy, los expertos advierten que los cambios que antes tardaban un siglo en consolidarse, la humanidad los vivirá en cuestión de dos años. Una aceleración vertiginosa que obliga a replantear la educación, especialmente en países con sistemas aún anclados en modelos arcaicos.
Tras la imprenta en el siglo XV y la llegada de internet en el XX, la Inteligencia Artificial se erige como la tercera —y quizá la más trascendental— revolución de la humanidad. Los “superhumanos” del presente y del futuro serán quienes sepan dominarla.
La IA genera fascinación, dudas y temores. Sí, desplazará empleos, pero también abrirá la puerta a nuevas oportunidades: nos invita a resignificar el talento y a reinventar la manera en que trabajamos.
En este nuevo escenario, la clave será aprender a interactuar con las máquinas. El término prompt se ha vuelto cotidiano: una instrucción que activa la capacidad de la IA y que, según su precisión, determina la calidad de la respuesta. Lo que parece un simple comando es, en realidad, una habilidad que exige estudio, práctica y creatividad.
Superado ese aprendizaje, el miedo a que la ficción de Terminator se haga realidad empieza a diluirse. Porque, al final, es el ser humano quien controla la máquina y no al revés. Recordemos: detrás de un sistema capaz de reemplazar a cien personas, hay miles de piezas, decenas de empresas y, sobre todo, cientos de ideas que nacen del ingenio humano. La IA no sustituye la creatividad: la expande. Puede ser colega y aliado, si sabemos conducirla.
Para los comunicadores y periodistas, el desafío es aún mayor. No basta con informar: debemos ser facilitadores. En tiempos de Inteligencia Artificial, los bulos y la desinformación se multiplican, y nuestra responsabilidad ética es identificarlos y ayudar a la sociedad a no caer en trampas digitales.
La tarea es larga, pero impostergable. Por eso celebro espacios como el seminario para comunicadores realizado el pasado viernes en Iguaima, Cañón del Combeima, gracias a la Universidad del Tolima y la Gobernación del departamento. Son semillas que deben crecer en forma de diplomados, especializaciones y maestrías en IA aplicadas a la comunicación.
Me despido con una frase del consultor antioqueño Johnny Gómez, quien nos acompañó en la jornada:
“La IA te manda datos, pero quien los interpreta es el ser humano, y las decisiones las toma el individuo”.
Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy
Editor General
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