El bardo decadente

Hugo Ruiz

El quinto aniversario de la muerte de Hugo Ruiz, pasó casi desapercibido en Ibagué. La única mención del cuentista, novelista, periodista y ensayista corrió por cuenta del periódico El Nuevo Día, donde en una entrevista, el exdirector de la publicación se mofaba de la novela inédita que dejó Ruiz, y con la que ‘cañó’ por más de veinte años, amenazando “con transformar la literatura latinoamericana”.

La luz se apagó para Ruiz Rojas, un siete de diciembre de 2007 en Ibagué, y fue la conclusión de un viaje que lo llevó por Barcelona, París, y otras ciudades del orbe, claves en su producción literaria.

En Un pequeño café al bajar la calle, recopilación de cuentos, Hugo Ruiz dejó plasmada su vocación de narrador y la preferencia por la bohemia de sus personajes, aquellos que veían en el licor y los bajos fondos, lo que el destino les había deparado sin encontrar oposición. La ficción se transmutaba a la realidad, para todos los que veían en la tienda de Nelson (en la calle 12 de Ibagué) al autor desde tempranas horas, y pudiesen haberlo confundido con un borracho cualquiera. Pero al entablar diálogo con él, hacía gala en su conversación, de escritores, obras y anécdotas, con lo que se evidenciaba, sin pretensiones o poses superfluas, la pulpa espesa de su bagaje cultural.

Textos para conciliar el sueño, recogió su producción ensayística. También fue compilador de grandes literatos en revistas como El hondero entusiasta, y El autor y su obra.

Hugo Ruiz “se fue a negro” sin publicar Los días en blanco, una novela con la que trasnochó a los escribidores de la ciudad, dejando en amigos y compañeros de parranda decenas de manuscritos que hoy circulan por ahí, maltratados por el exceso de ojos y de dedos. Aunque un cartel puesto en la librería Cuatro Palabras, advierte que la obra fue “secuestrada”, parece que verá la luz en una edición a cargo de la Universidad Distrital, en los próximos días.

«Soy el bardo decadente
de númen incandescente,
que ama sin saber a quien
el de las japonerías..», Leonidas N. Yeroby.

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