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¿Es la religión el opio del pueblo?

“Die religion sie ist das opium des volkes” en su traducción al español: «la religión es el opio del pueblo” es una famosa frase atribuida al filósofo alemán, Karl Marx. Su profundo razonamiento está enfocado en las estrategias utilizadas por la clase dominante para embelesar a los oprimidos por medio de la fe. Así lo argumenta el socialista, en su reconocido libro: “Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel (1843-1844)”.

Precisamente, sale a colación este tema en esta columna recordando la noticia de la semana pasada del pastor evangelista estadounidense, Jesse Duplantis. El predicador, aseguró que solamente por medio de las donaciones en dinero, se podía acelerar la llegada de Jesucristo. De hecho, el millonario charlatán cuya fortuna sobrepasa los 300 millones de dólares, está detrás de construir nuevos estudios de grabación para agrandar su imperio.

Debo aceptar que la teología, incluso por encima de la política, es de seguro el tema que más me apasiona, contando todas las áreas del conocimiento. Es por esta razón, que desde muy niño me encaminé de manera determinante en el estudio de la ciencia bíblica y de tratar de descifrar los misterios que envuelven al universo (redacto un libro sobre el tema).

El paso por varias religiones y sus diversas formas de interpretar las escrituras, me han llevado a concluir que no es el tipo de creencia el que define qué tan buenos seres humanos somos, sino las obras y las conductas que hablan por sí solas. De hecho, el mismo Jesús, reprobó algunas prácticas religiosas de su época por su exceso de hipocresía. (Fariseos, saduceos y escribas).

 

pastor
Jesse Duplantis

A estas alturas decir cuál es la religión verdadera sería una discusión bizantina puesto que el tema es bastante complejo. Más de dos mil años, 21 concilios ecuménicos, cisma y protestantismo, han dejado más divergencias que acuerdos. La historia de la humanidad nos relata que cientos de guerras se han librado en el nombre de Dios y miles de muertes llevan el sello de la religión.

Jesús dijo en su momento: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Lucas 20:21-25). No obstante, miles de oportunistas con fines económicos o politiqueros siguen involucrando al Todopoderoso y utilizando la religión para ganar adeptos de una forma nauseabunda. La religión da réditos y eso es indiscutible y por eso se convierte en el instrumento perfecto para la manipulación de masas.

Cientos de religiosos se han hecho millonarios gracias a la ingenuidad de sus incautos seguidores. Paga y recibe tu milagro, invierte en el Reino y Dios te hará millonario, dona dinero a la Iglesia y Jesús te parará de esa silla de ruedas. No se necesita ser un exégeta, un apologista o un teólogo, para saber que nada de eso tiene fundamento bíblico. Dios no necesita del dinero de nadie para obrar un milagro, si es su voluntad. El tal «Evangelio de la prosperidad» es un embuste de tamaño colosal creado por embaucadores disfrazados de pastores. Jamás olviden que el diablo se disfraza de ángel de luz (2 Corintios 11:14).

Llevamos más de cinco siglos de haber salido de la Edad Media y del oscurantismo, pero conservamos en nuestros corazones ideas absolutamente inquisidoras. Desde 1991, Colombia fue declarada constitucionalmente un país laico, pero, todavía miles de ciudadanos siguen anclados a las ideas sectarias, que se convierten en el insumo perfecto para los manipuladores de la fe. Todavía nos asustan con los mismos cuentos: el infierno, el purgatorio, el limbo, etc.

cristianismo

La religión está llena de fariseos del siglo XXI, que dicen amar a Dios, pero lo aborrecen con sus conductas: ladrones, mentirosos, calumniadores, avaros, homicidas, etc. Sobre ellos, lamento decirles lo que piensa Jesús: “En verdad os digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que vosotros ‘fariseos'» (Mateo 7:22-23).

Hemos llegado a un límite tan impensable de doble moral, en donde la mayoría prefiere al político ladrón y genocida creyente, que al ateo samaritano. La Biblia, la hemos acomodado e interpretado de acuerdo a nuestros propios intereses. Decimos seguir a Jesús, pero en lugar de amar y perdonar a nuestros enemigos, juzgamos y hasta instamos con todo el ahínco a exterminar al que piensa diferente. No tenemos problema en tomarnos el lugar de deidad para asegurar quiénes arderán en el infierno.

La película “Mi nombre es Kahn”, narra la historia de un musulmán que vive en los Estados Unidos, sufre el síndrome de Asperger (autismo), y tiene que soportar toda la estigmatización de su religión después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. El protagonista sueña con decirle al presidente del país más importante del mundo que él es musulmán, pero no es terrorista. La mamá de Kahn, le enseñó con toda sapiencia que en el mundo hay dos tipos de personas sin importar: raza, ideología política y religión: las buenas y las malas.

falsosprofetas

Por otra parte, el libro “Cóndores no entierran todos los días” de Gustavo Álvarez Gardeazábal, narra la historia verídica del líder conservador de Tuluá, entre los años 1946-1957, León María Lozano. Un prestigioso hombre religioso, que no fallaba a misa y muy distinguido en esta localidad del Valle del Cauca. Detrás de esa fachada se escondía un jefe genocida de un grupo paramilitar de la época (Los pájaros) que bañó de sangre el municipio.

¿Qué cristianismo es válido sin amor? peor ¿para qué sirve una religión sin perdón y sin humanismo? No nos engañemos, que asistir a un culto religioso no es suficiente para ser buena persona. El verdadero seguidor de Cristo debería ser luz para el mundo y nunca opio para el pueblo.

¡Por sus frutos los conoceréis!

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Comunicador social y Esp. en Educación, cultura y política

Docente

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