Ibagué ha dejado de ser simplemente nuestra «Capital Musical» para empezar a interpretar una partitura mucho más ambiciosa y necesaria: la de la sostenibilidad global. La reciente Cumbre Glocal de Economía Circular no debe entenderse como un evento de turno o un despliegue de relaciones públicas, sino como un hito estructural. Al convertirnos en la primera ciudad intermedia del mundo en acoger la Mesa de Economía Circular de la OCDE, Ibagué ha demostrado que no necesita ser una metrópoli de millones de habitantes para sentarse en la mesa donde se decide el futuro del planeta. Es, ante todo, un triunfo del territorio.
El brillo que la ciudad proyectó durante estos días no fue producto del azar, sino de una capacidad de convocatoria que superó cualquier expectativa. Escuchar a mandatarios internacionales y expertos de la Unión Europea referirse a Ibagué como un «laboratorio de buenas prácticas» y un «epicentro de noticias mundiales» nos obliga a hacer una pausa reflexiva. Más allá de los discursos protocolarios, lo que los visitantes percibieron fue una ciudad con hambre de futuro, una comunidad que entiende que el modelo de «usar y tirar» ha caducado y que la innovación verde es nuestra mejor carta de presentación ante el mundo.
En este escenario, el respaldo que recibió la gestión de la alcaldesa Johana Aranda por parte de los asistentes internacionales cobra un valor especial. No se trata de un espaldarazo político condicionado por conveniencias locales, sino de un reconocimiento técnico y humano a la voluntad de liderar. Cuando los alcaldes de la Red Iberoamericana destacan la organización y la visión de la mandataria, lo hacen reconociendo que ha sabido poner a Ibagué en el mapa de las soluciones globales. Es un espaldarazo a la ejecución y a la audacia de proponer proyectos tangibles, como la zona franca de economía circular, que prometen transformar la economía local sin distinción de colores ideológicos.
Sin embargo, el mayor logro de esta cumbre es la consolidación de la Red Iberoamericana de Autoridades con sede en nuestra casa. Este es el momento de alejarnos de los sesgos y las polarizaciones que tanto daño nos hacen. La sostenibilidad no tiene partido político; el aire limpio, el manejo eficiente de los residuos y la creación de empleos verdes son metas que nos benefician a todos por igual. Pensar en ciudad significa entender que este tipo de plataformas internacionales son activos que le pertenecen a Ibagué y a sus próximas generaciones, y que proteger estos avances es un deber ciudadano que va más allá de cualquier administración.
Al final de la jornada, lo que queda es la satisfacción de ver a una Ibagué que brilla con luz propia y que ha recuperado la confianza en su capacidad de liderazgo internacional. La cumbre nos deja la vara alta y nos entrega una hoja de ruta clara: el desarrollo solo es real si es sostenible. Hoy, el mundo sabe dónde queda Ibagué y de qué somos capaces cuando nos unimos bajo un propósito común. Es hora de dejar atrás las conveniencias menores y seguir construyendo, con orgullo y rigor, la ciudad referente que el siglo XXI nos exige ser.
Este es un Artículo de A la luz pública
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