Viven en el Tolima y de su erario, desde hace varios lustros. Son una caterva de políticos, burócratas y ladrones de cuello blanco, que ahora posan de adalides de la moral. Escriben y dan cátedra de esfuerzo y de trabajo, en sus redes sociales, cuando muchos ciudadanos saben que han sido simplemente unos aviivatos, que escalaron mediante lagartería y corrupción.
Sus «razonamientos» dan grima, sobre todo cuando pontifican sobre temas en donde su ignorancia se hace latente. Es cierto, que varios de ellos vienen de estratos bajos, pero no han ascendido con esfuerzo e inteligencia como quieren hacer creer a la ciudadanía. Sus técnicas, no son más que artimañas. Aplicaron y aplican la máxima maquiavélica: «El fin justifica los medios».
Han hecho de la retórica, una estrategia, para tratar de mimetizarse como intelectuales. En efecto, tienen la profundidad de un «charco de agua”, pero saben que en un país de ciegos, el tuerto es rey. Su emprendimiento consiste en venderle el alma al Diablo en la política. Cambian de colectividad como cambiar de calzoncillos, porque lo que menos les importa son los ideales. Ellos van por lo de ellos y punto. Son aliados de todos, pero amigos de nadie.
Culpan a los profesores del despertar de un pueblo, frente a los abusos de quienes han ostentado el poder. Llaman adoctrinamiento, el instar a que los ciudadanos no se coman las patrañas, que nos venden como verdades. El pensamiento crítico, es rechazado porque es mejor, tener a un pueblo sucumbido en la ignorancia y distraído, mientras ellos roban. Salen a despotricar y a calificar a todo el que marcha como vándalo, pero para ellos es normal el saqueo del erario. Son burócratas descarados, son mitómanos redomados.
Según su discernimiento, fue el adoctrinamiento, el castro-chavismo, el socialismo del Siglo XXI, el que persuadió a la gente y la llevó hacia la protesta social. En ningún caso, son los 50 billones de pesos anuales que se están robando, que es cerca del 20 por ciento del presupuesto nacional. No son los escándalos en: la Ruta del sol, en Reficar, en la Universidad Distrital, en Saludcoop, en la Dian, en Odebrecht, entre muchos más. Nada tienen que ver los falsos positivos, la muerte sistemática de líderes sociales, el desempleo, el gasto público desmedido, la deficiente salud, la nula inversión en ciencia y educación, el mal manejo de la pandemia. Es que de verdad nos creen muy pendejos.
Son fáciles de identificar porque tienen una carrera bastante nutrida en demagogia, en lameculismo y en técnicas de corrupción. Por ellos, como lo argumentaba el filósofo griego Platón; a las mayorías les corresponde seguir viviendo en el mundo sensible (el de la imaginación y las creencias). Sólo unos pocos alcanzan la luz del mundo inteligible (el de la razón y la experiencia). Por eso odian al que imparte saber, al que invita a leer, al que ama la investigación. Son expertos en eufemismos. Nos venden humo.

Por supuesto, hacen parte de esa «gente de bien» pero no son más que pelmazos, zoquetes, gaznápiros, con altas dosis de cinismo, de ahí su progreso. Creen que por portar una camisa Polo, o andar en un vehículo de alta gama, cogieron el cielo con las manos. Son de esos que se les aplica el refrán popular tajante que reza: «aunque la mona se vista de seda, mona se queda». Serían unos «Don nadie» sin apadrinamiento, sin mentor y sin gamonal. Cuando han tenido cargos públicos importantes, han hecho capital a punta de coimas por contratos, o con clientelismo. Con los dineros que se roban, invierten en negocios privados, en eso se resume su emprendimiento ¿nauseabundo?
Estos arlequines, que ahora quieren incursionar en las letras, debería darles vergüenza exponer sus falacias y sus conceptos excluyentes, sesgados y clasistas. Aun así, es como pedirle “peras al olmo”, ellos no conocen de escrúpulos. Por lo menos deberían amarrarse un pañal a la cabeza y con eso nos evitaríamos tantas ideas de humor escatológico.
Sé que quien lea mi columna, no tendrá mucho problema en identificarlos. Sé que Colombia, pide a gritos un cambio y ojalá estos personajes tengan su merecido tarde o temprano. En el Tolima ya han hecho mucho daño estos payasetes con su «emprendimiento“, sería bueno y justo que buscaran otros lares.
Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy
Comunicador Social
Esp. en Educación, cultura y política y Docencia universitaria
A La Luz Pública – Noticias de Colombia La fuerza de la verdad
Una opinión
Pingback: Los falsos adalides del “emprendimiento” y de la “moral” en el Tolima - Del Tolima