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O frenamos las «opiniones» incendiarias o pasamos del magnicidio, al genocidio

No todas las opiniones valen igual porque no todas tienen el mismo peso. En filosofía o política, el valor de una opinión depende de la calidad de los argumentos que la respaldan.

Por ejemplo, si las mismas son aseveraciones sin fundamento; es posible que se trate de una injuria o una calumnia.  Desde que existen las redes sociales, éstas se salieron de control.

La polarización cada vez es más intensa y la coherencia se perdió en la desbordada pasión de los energúmenos integrantes de las sectas de derecha y de izquierda. Es lamentable leer lo que escriben en ambos bandos.

Un vomitivo fue leer a los bodegueros de izquierda diciendo que el atentado al precandidato Miguel Uribe era un montaje. Que las balas eran de salva y que se asomaba por las ventanas de la Fundación Santa Fe. Ahora que murió, salieron a escribir que había fallecido desde el primer día. Dementes.

No se quedan atrás los basiliscos de derecha. Para ellos el culpable y determinador es Gustavo Petro. Rotaron imágenes de Pablo Escobar al lado de Diana Turbay. Debajo de esa imagen aparece el Presidente junto a Miguel.  Dicen que es lo mismo. Qué irresponsable e insensato.

Algunos políticos de oposición apoyan la idea de la responsabilidad del mandatario por su discurso de odio. Miguel también fue provocador y retador. Aun así, es un exabrupto pensar que por eso labró su suerte. Solo una mente enferma lo creería. El problema es que pululan.

No sé si alguna de estas mentes enfermas le gustaría que Colombia viviera la dantesca y aberrante situación de Ruanda en el 94 y que sus habitantes se exterminen por sus diferencias.  Después de los magnicidios vienen los genocidios y la historia lo evidencia. El país africano es muestra de ello.

En Colombia,  lo vivieron nuestros ancestros en carne propia, en una época conocida como la violencia después de la muerte de Gaitán.  Como si la historia no sirviera o se pasara por la faja, algunos  quieren salvar al país a punta de bala. «Gente de bien».

O hay reconciliación y se busca alternativas diferentes y moderadas, o la sangre se seguirá derramando: «In saecula saeculorum» 

Por: Andrés Leonardo Cabrera

Editor General

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