Durante años, el proceso de rediseñar un sitio web en Colombia siguió el mismo orden: primero se diseñaba la versión de escritorio, con todo el espacio disponible y la jerarquía completa, y después se adaptaba a la pantalla del teléfono recortando lo que sobraba. Ese orden dejó de tener sentido hace tiempo, pero muchas empresas siguen trabajando así.
El caso de los medios digitales lo muestra con claridad. En el rediseño de La Silla Vacía, más del 80 % de los usuarios del portal entraba desde el teléfono. Diseñar primero la versión de escritorio habría significado optimizar la experiencia para dos de cada diez lectores y adaptar sobre la marcha la de los ocho restantes.
El problema no es el tamaño, es la jerarquía
Reducir un diseño de escritorio a una pantalla de seis pulgadas no es un problema técnico. Los sistemas de diseño responsivo resuelven eso hace años. El problema es de decisión: cuando todo cabe, no hay que elegir qué va primero. Cuando no cabe nada, hay que elegirlo todo.
En un portal de noticias esa decisión es especialmente difícil porque las secciones no se parecen entre sí. Una línea de tiempo, un episodio de podcast, un hilo de comentarios y el perfil de una persona pública tienen estructuras distintas y necesitan comportarse distinto en pantalla pequeña. La salida no es diseñar cada una por separado, sino construir componentes reutilizables que funcionen en contextos diferentes sin romperse.
Qué cambia en el proceso
Trabajar con enfoque móvil primero altera el orden de las etapas. La estructura y los flujos se resuelven antes de tocar lo visual, con wireframes que obligan a jerarquizar sin la distracción del color y la tipografía. Los prototipos se prueban con usuarios antes de escribir una línea de código, de modo que los ajustes ocurren cuando todavía son baratos.
Después vienen las direcciones gráficas, el diseño de todas las pantallas en las dos versiones, y las guías de estilo con especificaciones para el equipo de desarrollo. Ese último punto suele subestimarse: si el diseño no se entrega documentado, lo que llega a producción rara vez es lo que se aprobó.
Ese nivel de detalle explica por qué el diseño de producto dejó de contratarse como una pieza aislada. Los estudios que trabajan así suelen operar como agencia de servicios digitales, con la investigación, el diseño, el desarrollo y el soporte posterior dentro del mismo equipo, precisamente para que la documentación de entrega no se pierda en el traspaso entre proveedores.
Cuándo conviene revisar antes de rediseñar
No todo sitio con malos resultados necesita un rediseño completo. Cuando ya hay tráfico real, una auditoría sobre el producto en funcionamiento suele revelar que el problema está concentrado en dos o tres puntos del recorrido, y no en el diseño entero. Rediseñar sin ese diagnóstico previo es rehacer lo que funcionaba junto con lo que no.
Las señales que anticipan esa revisión son reconocibles: los usuarios abandonan en un punto concreto y nadie sabe por qué, cada pantalla nueva se diseña desde cero porque no hay componentes definidos, o el producto funciona bien en escritorio mientras la mayoría del tráfico llega desde el móvil.
En el mercado colombiano hay estudios que trabajan con este enfoque desde el inicio del proyecto. Contra Studio, con base en Bogotá, ofrece servicio de diseño UX UI para empresas y ha aplicado este proceso en proyectos como el rediseño de La Silla Vacía, el portal de Revista Semana y plataformas editoriales para Hearst Magazines.
Ese mismo estudio funciona como agencia UX UI y consultoría digital, una combinación que en proyectos de rediseño importa: la decisión de qué se rediseña y en qué orden es estratégica antes que visual.
El punto de fondo es sencillo: la pantalla desde la que entra la mayoría de la audiencia debería ser la primera que se diseña, no la última que se adapta.
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