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Parece que a todos los políticos les encanta vivir sabroso

La gran mayoría llegan a la política buscando beneficios particulares. Es una verdad de Perogrullo. Así existan algunos con mejores intenciones que otros, éstos terminan haciendo lo mismo o actuando peor que sus antecesores. Lamentablemente, es un tema genético del colombiano.

No es una discusión de color político. Los liberales y conservadores han sido los máximos exponentes de la oligarquía colombiana. Con solo hacer un repaso por la historia, encontraremos que decenas de veces se crearon contubernios para repartirse la torta burocrática.

No es de derecha, ni tampoco de izquierda. La derecha gobernó este país por décadas y sus exponentes se enriquecieron con el dinero del pueblo. La gran esperanza se diluye cuando llega un cambio de gobierno que prometía ser de otro actuar y continuaron con las mañas de siempre.

De verdad tiene que ser alguien muy ingenuo para defender lo indefendible. Criticaron a los hijos de Uribe, pero uno de Petro, está involucrado hasta los tuétanos en negocios turbios. Se le criticaba a la esposa de Duque por ser altiva y tratar a la Fuerza Pública como esclavos y ahora aparece una Primera Dama, que tiene de todo menos de sencilla. No es una afirmación misógina, es una evidencia.

La esposa del mandatario de Colombia, merece todo el respeto como mujer, no obstante, sus actos, gastos y manera de ser, no se parece en nada a lo que promulga la Colombia Humana y el Pacto Histórico liderado por su cónyuge. Ellos, eran la esperanza del cambio y por eso los eligieron.

El Tolima no se salva. Si hacemos una introspección de los políticos que llegaron a lo público sin un peso, encontraremos más de lo mismo. Hoy por hoy, ostentan vidas lujosas, casas de ensueño, vehículos de alta gama, viajes al extranjero, ropa costosa y demás. Es más que claro que están haciendo empresa con el presupuesto de la región. Se sienten grandes emprendedores y han sido es aves de rapiña del erario.

La mayoría de los colombianos, quieren vivir sabroso y rápido. Por eso siempre estará la tentación por donde vayan y encuentren vías para conseguir dinero. Esa herencia española y la famosa malicia indígena, mutó hacia una cultura traqueta que hizo estragos en la sociedad.

¿Hay algún remedio? Tendría que trabajarse mucho con los niños para evitar que se les inocule esa manera de pensar. Casi una utopía.

Quizás por eso le escuchamos alguna vez a un concejal de Ibagué decir: “Esto solo lo cambia nuestro señor Jesucristo, arrancando toda esta maleza y volviendo a sembrar”. Creemos que tenía bastante razón.

*Este es un editorial de A la luz Pública.

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