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Pulula la “Gente de bien” en Colombia

Se hizo viral la noticia de una mujer que disparó desde un balcón en un conjunto residencial del norte en Bogotá. De hecho, el alcalde Carlos Fernando Galán, salió a decir que era inadmisible este tipo de comportamientos.

No nos rasguemos las vestiduras que aquí en Colombia abundan los gamines desde el estrato uno hasta el seis. La única diferencia está en el poder adquisitivo. Lamentablemente, las excepciones a la regla no son muchas y menos notorias. Hay más bulla en lo malo.

Muchos se creen respetables por conseguir cosas materiales sin importar el cómo. Aquí hay una cantidad de avivatos que por medio del narcotráfico, la corrupción política, el contrabando, el agiotismo, el fraude y hasta la fe; han construido capital. Se hacen llamar: “gente de bien”.

Echen un vistazo en las redes sociales. Los hombres jóvenes aplauden las fiestas del futbolista Lamine Yamal, sueñan con su fama y dinero para gastarlo en mujeres, licor, y excesos. Las “niñas” quieren ser su novia (no por bonito) simplemente para poder suplir caprichos de una forma rápida.

En Colombia, hay una crisis de valores que es un cáncer que hizo metástasis en todo los niveles sociales. El problema es que antes se creía que el (la) que robaba o se prostituía era por necesidad. Nada más mentiroso.

Aquí el que tiene un Mercedes roba por subirse a un Ferrari y la que tiene un reloj Tissot se prostituye por el Rolex. Es un desbordado amor al placer y a la dopamina que pareciera que fuera lo único importante en la vida.

Nuestros líderes no leen libros, no son científicos y menos humanistas. Aquí montan en caballos finos, van a bacanales, siempre con ropa costosa, mujeres operadas y sí; mucha bala. Es nuestra herencia traqueta. Hasta los niños ya posan en sus fotos como pequeños mafiosos.

Seguiremos siendo subdesarrollados porque en Colombia es más importante la silicona en los senos y las nalgas de las mujeres, que lo que tienen en su cabeza. Los gimnasios están llenos y las librerías y las bibliotecas vacías.

Los que piensan diferente los llaman perdedores. Luego nos preguntamos por qué vamos encaminados a una debacle moral sin precedentes.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Editor General.

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