Recuerdos de un ibaguereño raizal.
Se fue don Jorge, el emprendedor a cuyo establecimiento me llevaba mi padre, a montar en burritos de verdad, en el salvaje y bucólico barrio Salado, de otros tiempos.
Se fue don Jorge, el joven que llegó a vivir a la casa de la abuelita Paulina, y que mantuvo por muchos años la amistad con mi vieja, llevándole chocolate y bizcochos de manteca o dejándole unos pesitos para lo que se le antojara.
Se fue don Jorge, el empresario honesto, decente y cumplidor de su palabra, en el negocio inmobiliario de Ibagué.
Se fue don Jorge, quien tenía la colección completa de libros de nuestra editorial y siempre pagaba los ejemplares extrayendo el dinero de una caja fuerte inmensa que adornaba su oficina, la inmobiliaria Mi Oficina.
Se fue don Jorge, el abnegado padre de familia que sacó a sus hijos adelante y profesionales en varias áreas del conocimiento.
Se fue don Jorge, el vecino de otro querido amigo en la vereda Chagualá de Gualanday.
Los medios titularon “murió un anciano en el Centro”, sin ir más allá o para el mero registro de la gacetilla judicial.
Muchas preguntas se hacen todos. Los que lo conocimos sabemos que cumplió su misión en la vida y que solo el Creador podrá entenderlo y quizá llegar a juzgarlo. Paz en su tumba.