Siete máximas de Jesucristo que dicen a gritos: “Dios nos libre de la gente de bien”

Imágenes de referencia.

Por estos días, Netflix, tiene en su plataforma la película, Descuida yo te cuido, protagonizada por, Rosamund Pike. La actriz encarna en la trama a una tutora legal, que se encargó de engañar el sistema, para robarles el dinero a ancianos jubilados aduciendo que estos no se podían valer por sí mismos. Un negocio muy rentable.

El argumento muestra cómo para ello, tenía médicos que daban  dictámenes de invalidez mental y física a las víctimas. Con esto la mujer, pasaba a tener total potestad sobre los bienes de los seniles. Es una buena película que muestra un claro ejemplo de lo que es el emprendedor de la «gente de bien».

Es que la “gente de bien» le encanta y se identifica  plenamente con estos procederes. Ven en hombres como, Jordan Belfort (El lobo de Wall Street) sus modelos a seguir. Encajan con la máxima de Maquiavelo: «El fin justifica los medios» y lo traducen al lenguaje coloquial nuestro “voy por lo mío”.

Lo paradójico de la situación es que dicen ser creyentes, asisten a iglesias católicas y cristianas. Sin embargo, es prudente preguntarse ¿siguen a Cristo? ¿Se han detenido a estudiar  cómo pensaba  Jesús?  ¿Creen que Jesús avala sus conductas?

No olvidemos que, Pablo Escobar, decía que el Niño Jesús de Atocha lo bendecía  y lo protegía. León María Lozano (Cóndores no entierran todos los días) no fallaba a misa. Los sicarios también tienen su fe antes de perpetrar sus asesinatos (La virgen de los sicarios, Fernando Vallejo). El creyente verdadero se conoce por sus obras y sus frutos, dice la palabra (Mateo 7: 15-16).

En el Sermón del Monte Jesús dijo: «No todo el que me dice Señor, entrará en el reino de los cielos«. Recordemos que la «gente de bien» de inicios del primer siglo de nuestra era, fue la que condenó a Jesús a la cruz. Hubo un contubernio entre los políticos de la época (Imperio Romano) asociados con el Sanedrín (Consejo Supremo de los Judíos) para asesinar a un inocente por revoltoso  Así que mira y analiza qué es lo que defiendes porque el Diablo se disfraza de ángel de luz (2 Corintios 11:14).

La autodenominada «gente de bien» es la antítesis de lo que fue Jesucristo. Los adjetivos que más distinguen a este grupo poblacional están muy lejos del cristianismo y del humanismo. Avaros, mentirosos, egoístas, indolentes y para poner la cereza en el pastel: fariseos. ¿Qué pensaría Jesucristo de este tipo de fe? Decía Jesús, que primero entraría una ramera y un publicano al reino de los cielos que un fariseo. (Mateo 21:31).

La Biblia no se escribió para tenerla abierta en el Salmo 91 en la sala de la casa. Yahvé (tetragramatón hebreo del nombre de Dios)  la dejó para leerla, estudiarla, pero sobre todo aplicarla. Sé que la cultura de la lectura no es muy habitual en Colombia. De ahí, que los avivatos políticos y religiosos, aprovechan para tenernos en una invidencia mental y en la ignorancia supina. Seguimos en un Medioevo, pero a convicción, con los grilletes que hablaba Platón, en su alegoría del Mito de la Caverna.

Me tomo el trabajo queridos lectores de compartir siete máximas de Jesucristo, para conocer un poco de su filosofía. Las compararé con el pensamiento que pulula por este tiempo.

  1. Jesús, enseñó  que el  mayor mandamiento después de amar a Dios, era amar  al  prójimo (amor agape). De hecho decía que en eso se resumía la ley (Mateo 22: 34-40) La gente de bien odia al que no piensa como ellos y ataca al que no defiende y acepta su tesis. 
  1. Jesús invitaba a orar por sus enemigos (Mateo 5:44)  La gente de bien los quiere exterminar de manera sistemática en el nombre de Dios.
  1. Jesús  dijo donde esté tu tesoro, ahí está tu corazón (Mateo 6:21)  El apóstol Pablo, aseguró  que la raíz de todos los males era el amor al dinero (1 de Timoteo 5:10)  La gente de bien está tan llena de avaricia que no le importa llevarse a su prójimo por delante con tal de lograr sus propósitos.

  1. Jesús, decía “al que a hierro mata a hierro muere” (Mateo 26:52). El salmista David, plasmó: Jehová detesta a la gente violenta y que engaña (Salmo 5:6). Así que una cosa es la protesta pacífica y otra muy diferente la violenta. Los que aman el derramamiento de sangre no son amigo de Dios. Aplica para los vándalos que destruyen la propiedad privada, pero sobre todo para la “gente de bien” que tiene metralletas, pistolas, y fusiles en sus casas y salen a matar en el nombre de Dios. (Parecen los de la película, La Purga). 
  1. Jesús reprobó al jactancioso, fariseo que se sentía muy espiritual porque ayunaba, y según él cumplía la ley desde niño. En cambio, fue misericordioso con el publicano pecador que se arrepintió de corazón. El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. (Lucas 18: 9-14). Aquí no hay mucho que decir, todos conocen la sencillez que caracteriza a la “gente de bien”. Sobre todo cuando llaman perdedores a los que no se dan sus lujos.
  1. Jesús, dijo que cuando apoyas a un hermano desvalido, es como si lo hubieras hecho  con él. Cuando eres solidario, ayudas al hambriento, al sediento, la forastero, al enfermo, al inconverso etc, ahí está su espíritu (Mateo 25:31-46). La “gente de bien” los llama: vagos, ñeros, perdedores, vándalos, indios asquerosos,  etc. La epístola de Santiago dice que la religión pura y sin mácula implica ser empático solidario, visitar huérfanos, viudas, etc . (Santiago 1:27). La gente de bien dice, “qué pereza con esos tóxicos, la vida es para disfrutarla solamente  y ojalá lejos de los perdedores”.

  1. Jesús desaprobó a las religiones de su época y la manera de actuar de los: fariseos, saduceos y escribas. Los calificó como raza de víboras (Mateo 23: 33-35) La «gente de bien» está convencida al igual que hace dos milenios que su doctrina es la correcta. Prostituyeron, el Evangelio y lo acomodaron para sus fines.

Culmino diciendo que pertenezco al grupo de colombianos que avala la protesta social  y las manifestaciones pacíficas. No por eso soy un vándalo, solo hago parte de los millones de coterráneos indignados con su clase dirigente.  Acuño la frase del apóstol Pablo, y me apropio de ella: “De los pecadores, soy el primero”. Solo nos queda hacer la introspección.

Me califico como un periodista; pecador, creyente, humanista, y por supuesto miembro del  proletariado. No menos, pero tampoco más que nadie. Eso sí, jamás quiero que me identifiquen como  parte de la “gente de bien».

Por: Andrés Leonardo Cabrera

Comunicador Social

Esp. en Educación Cultura y Política y Docencia Universitaria

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