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Solo la sensatez evitará el colapso

Quizás en la historia de Colombia y particularmente del Tolima, es la primera vez que cerramos un año político tan convulsionado, muy confuso por cuenta de la conformación de las listas al Congreso de la República y las erráticas acciones de los más visibles precandidatos a la Presidencia de la República y sus patrocinadores, que no permiten una lectura más o menos cercana sobre los nuevos moradores del Capitolio Nacional y la Casa de Nariño, porque todo quedó para construir a partir del ocho de marzo.

Fue un 2025 de acontecimientos negativos de talla mayor, donde el personaje central fue la corrupción estatal en contubernio con privados; mientras unos pocos actores de reparto desfilaban por los tribunales confiados en abultadas rebajas de penas por delatar a sus socios de fechorías, otros tantos, quizás, siguieron haciendo de las suyas en su altruista misión de servidores públicos.

Todo esto nos lleva a afirmar que la corrupción sigue siendo el hecho más destacado de los últimos años, ya que ni siquiera «el gobierno del cambio» logró reducirlo a sus justas proporciones; por el contrario, lo hizo más visible, por la codicia a que tanto alude Petro y por la “inexperiencia delictiva oficial” de algunos que se estrenaban en el poder, ya que esas mañas torcidas eran exclusividad del tradicional establecimiento oligárquico, pero a unos y otros hay que recordarles la irrebatible sentencia de Darío Echandía de que en política se pueden meter las patas, pero no las manos.

De vuelta a la ambición por la primera magistratura, todo está muy oscuro; no logramos ver un desenlace positivo para Colombia, pues seguimos con alrededor de 100 aspirantes, donde todos hablan de unidad, pero muy poquitos dan el paso al costado, de grandeza y humildad, porque todos creen encarnar la única salvación que tiene Colombia para salir del caos, el retroceso y la pobreza. Hemos visto un par de encuestas recientes donde los mismos tres o cuatro marchan adelante, muy distantes del resto, pero una visión más clara la tendremos solo hasta el ocho de marzo con la elección de congresistas y el resultado de las diversas consultas interpartidistas que se votarán ese día, donde se espera la participación de más de 30 sectores.

Debo registrar que la coalición de centro – derecha, la gran consulta por Colombia, arrancó con seis reconocidos candidatos, la invitación a otro buen número de aspirantes y la puerta con cerrojo para aquellos aspirantes solitarios o de supuesta pureza moral, que todos identificamos y quienes incluso insisten en llegar a primera vuelta.

En una mirada rápida al terruño, en cuanto a la conformación de las listas a Cámara, las peleas internas, las zancadillas, las “jugaditas”, las traiciones coparon la agenda del 2025, que dejó muchos inconformes con una media docena de listas para seis reñidos escaños, con unos partidos cada vez más débiles y sin ideologías, que podrían llevar a un debate personal donde todo vale, menos el compromiso con la región.

Ojalá para las presidenciales, la egolatría sucumba ante la sensatez, la unidad y el verdadero sentido de la política para evitar el abismo; y, en el campo departamental, confiamos en el buen juicio de los electores, que su conciencia esté ligada al futuro y crecimiento de sus regiones.

Por: Miguel Salavarrieta Marín

Comunicador social – periodista.

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